Estimados amigos: Lamento no poder atender las numerosas consultas que recibo a diario sobre apellidos, ascendencia y genealogía sefardita. Ni soy genealogista ni dispongo de medios para llevar a cabo las investigaciones que me piden. Un saludo cordial. Juan Julio Alfaya

sábado, 4 de mayo de 2013

Maimónides: «Guía de los perplejos o descarriados»

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Página de la 14ª edición de la Guía de los Perplejos.

Para Moshé ben Maimón, Dios es único, pero esta unicidad trasciende más allá de la concepción que de lo uno tiene el hombre.

La Guía de los Perplejos (en árabe, dalālat al-ā’irīn دلالة الحائرين) es una obra filosófica escrita por una de las autoridades judías más importantes, el andalusí Moshé ben Maimón, en árabe Musa Ibn Maymun, también conocido como Maimónides y Rambam (1135, Córdoba - 1204, Fustat, Egipto). Escrita originalmente en árabe hacia 1190, se tradujo al hebreo ya en época de su autor. Es considerada la más importante y la más universal de todas las obras de Maimónides.

Moreh Nevujim (Guía de perplejos o descarriados)

La obra Moreh Nevujim es consideraba la obra más importante de Maimónides. Es un libro brillante de filosofía judía, aunque no es de lectura simple. Fue escrita en árabe, ya que su intención era que fuera entendida por filósofos capaces de asimilar su método. Tardó diez años en escribirla. Shmuel ben Iehuda Ibn Tibón y Iehudá Eljarizi tradujeron la obra al hebreo. En ésta establece la manera de conciliar la fe con la razón y los puntos de apoyo que brinda la filosofía para entender mejor la revelación.

En esta obra Maimónides sostiene la idea fundamental de que la fe pura y el pensamiento lógico coinciden perfectamente entre sí. Ambos reconocen que existe un solo Dios del cual proviene la creación y ambos aspiran a elevar al hombre al más completo perfeccionamiento.

La verdad de la fe y la verdad de la inteligencia no se contradicen una a la otra en los conceptos básicos. Trata, fundamentalmente, acerca de la naturaleza de Dios y la creación, el libre albedrío, el verdadero profeta y el bien y el mal.

Maimónides parte de la premisa que el lenguaje de la Biblia es metafórico. Plantea que nada puede decirse con certeza respecto a Dios. Entre otras cosas deshace el aparente antropomorfismo del lenguaje bíblico para revelar la lógica subyacente de la perfección absoluta de Dios. Todo lo que puede decirse acerca de Él es a través de aseveraciones negativas, es decir, enunciando lo que no es.

En la Biblia parecería ser que Dios tiene características humanas lo cual Maimónides explica que no es así. Para afirmar su posición, él aduce una cantidad importante de exégesis (explicación e interpretación) de textos. He aquí algunos ejemplos de en qué consiste su exégesis:

Imagen (tzelem): El Génesis 1:26 dice que el hombre fue hecho a imagen de Dios. Si se toma este pasaje al pie de la letra, esto podría significar que Dios posee dos brazos, dos piernas, un rostro y pelo en la cabeza. Para evitar una conclusión antropomórfica, Maimónides hace hincapié en que ese concepto de imagen es ambiguo (Guía, 1:1), puesto que la palabra hebrea a veces también significa semejanza, sea de figura o de manera. En castellano diríamos que cierta persona “es la imagen de su padre”, queriendo significar que ambas personas se parecen entre sí. Pero a veces, el grado del concepto de semejanza es mucho más indeterminado todavía. Lo que el texto bíblico quiere decir, sostiene, es que a excepción de todo lo demás que hay sobre la tierra, Dios nos hizo a Su imagen al dotarnos de facultades racionales.

Ver, aparecer o mostrarse (raá, hibit, jazá): A veces un profeta dice que vio a Dios en una visión. Otras veces un profeta dice que Dios se le apareció, tal como figura en Génesis 18:1, “Y el Señor se le apareció a Abraham...”. En otros casos la Biblia registra que Dios mismo vio algo. Si Dios no tiene figura, pues nadie puede verlo a Él de la misma manera como puede observar objetos corporales. Por esto mismo, ya que Dios no tiene cuerpo, Él no “ve” mediante órganos visuales. Maimónides nos muestra que este concepto de “ver” y otras formas relacionadas también son de sentido figurativo (Guía 1.4). El profeta que “ve a Dios”, lo que realmente hace es estar pensando en Él. También dice que Dios “ve” cuando Él contempla el mundo.

Aproximarse (karav): Decir que Dios está cercano a los que Le invocan (como en el Salmo 145:18) es referirse a cercanía intelectual, no a una ubicación física (Guía 1.18). Ellos se acercan a Dios de la manera como uno se acerca a la comprensión de un principio o una idea. En este mismo sentido es posible decir que “los científicos se están aproximando cada vez más a descubrir una cura para tal o cual enfermedad”.

Hablar: Dios no tiene boca ni emite sonidos. Una persona que intentara registrar la comunicación que tuvo Dios con Abraham o con Moisés, no hubiese oído nada en absoluto. Los centenares de pasajes que dice “y Dios habló” también recurren a un lenguaje figurativo para significar “y Dios dispuso” (Guía 1.65). Por virtud de su superior entendimiento de Dios, el profeta es capaz de comprender qué es lo que Dios quiere, vale decir, qué es lo que Dios ordena. Estos mandatos no necesitan ser transmitidos mediante ondas sonoras a través del aire. Lo mismo debe entenderse cuando el texto bíblico se refiere a que Dios oye (Guía 1.45).

De estos ejemplos resulta claro que el móvil de la exégesis de Maimónides tiene por objeto poner en claro que la relación entre Dios y Sus profetas es de carácter intelectual. Las palabras que denotan lugar, ver, oír o ubicación, son interpretadas como propiedades o interpretaciones mentales. Puede decirse, entonces, que Maimónides intentó desmitificar la narrativa bíblica. En vez de un Dios que habita en el Cielo, se sienta en un trono, visita nuestro planeta y emite sonidos, se nos muestra a un Dios que es una inteligencia perfecta. En vez de profetas que son visitados por Dios en forma literal, se nos da profetas que comprenden qué es lo que Dios quiere para el mundo.

Cuando Maimónides se refiere a amor a Dios, está aseverando que el hombre puede y debe vivir en la idea de Dios. Para Moshé ben Maimón la oración no estriba en pedir, pues Dios le ha dado al hombre todas las oportunidades para que se realice en sí mismo. Orar es entrar en el conocimiento de Dios, es vivenciar, a través de la razón, las dimensiones por las que el pensamiento pasa para llegar a Dios sin dejar de conocer al mundo.

Para Moshé ben Maimón, Dios es único, pero esta unicidad trasciende más allá de la concepción que de lo uno tiene el hombre. Un hombre está perplejo cuando se enfrenta a dos razones y no sabe qué camino tomar pues su propia razón lo lleva, casi, a dejar a un lado una sin saber a ciencia cierta si la que deja es más fuerte y real que la que optó para sí. Entonces, ¿cómo permanecer fiel a las creencias y, sin embargo, razonar debidamente?

Algunos de sus planteamientos desataron una amarga controversia. Lo acusaron de hereje. En muchas comunidades judías este libro fue prohibido. En Francia los monjes dominicos, que dirigían la Inquisición en ese país, lo quemaron debido a las denuncias de algunos rabinos. En otras comunidades trataron de proteger a los jóvenes, disponiendo que sólo los mayores de 25 años pudieran leerla, ya que las mentes jóvenes podían malinterpretar su significado y corromperse.

Dios, pues, es la constante en la obra de Maimónides. Dios es causa primera y única en la esencia de las cosas, tanto como de su existencia.

La conclusión del Moreh Nevujim es: si se guía bien a la razón, se llega al conocimiento de Dios. El orden del mundo determina la comprensión de lo divino y el mundo es porque Dios es. Definitivamente, la Guía fue el libro judío de la Edad Media de mayor influencia, continuando hasta hoy día las discusiones respecto a su significado e implicaciones.

Este material ha sido descargado de www.jewishprograms.org

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