La demonización de los judíos empezó cuando los primeros cristianos se
separaron del judaísmo, del cual, hasta ese momento, habían sido una secta, y
culparon a los judíos de la muerte de Jesús. Al exculpar a los romanos del
arresto y muerte de Jesús, y atribuir la responsabilidad de esos hechos a los
judíos, los cristianos tuvieron un doble objetivo: evitar atacar y ofender a
las autoridades romanas, y, simultáneamente, consolidar su separación del
judaísmo, al cual, desde ese momento y durante los siguientes dos milenios,
consideraron enemigo de la nueva religión por no aceptar la divinidad de Jesús.
Mi Enfoque #402. 6 de febrero, 2012, por David Mandel, www.mandeldavid.com
Nota. Este artículo es un breve resumen de la historia del
antisemitismo, no una explicación de esa obsesión, ya que es imposible explicar
en términos lógicos un odio irracional.
La palabra "semita" originalmente no se usaba para referirse
a judíos y a otros grupos étnicos. Era un término utilizado en la clasificación
lingüística de los idiomas para describir un grupo de idiomas de origen común.
Fue recién en el año 1879 que adquirió el significado de "judíos",
cuando el alemán Wilhelm Marr, le antepuso el prefijo "anti" en su
libro "El camino de la victoria del germanismo sobre el judaísmo".
Debido que otras naciones, incluyendo los árabes, también hablan idiomas
clasificados como "semitas", muchos consideran hoy que el vocablo
"antisemitismo" no es suficientemente preciso y debería ser
reemplazado por "judeofobia".
Sentimientos de xenofobia hacia extranjeros o hacia personas
pertenecientes a otros grupos étnicos se encuentran en todos los países. Esta
antipatía se expresa algunas veces en
forma hostil, como fue en el caso de los ciudadanos americanos, durante la
Segunda Guerra Mundial, que fueron recluidos por el gobierno de Estados Unidos
en campos de prisión por el solo hecho de descender de japoneses. Otras veces,
como es el caso de los gallegos en Argentina, la xenofobia se expresa con
burlas y chistes (inofensivos, según opinión del que los cuenta, pero ofensivos
desde el punto de vista de los gallegos).
El antisemitismo va mucho más lejos que la xenofobia. No es una simple
antipatía, sino una demonización cuyas consecuencias pueden ser mortales no
para el antisemita sino para el objeto de su obsesión. (Esta demonización puede
llegar a extremos absurdos y ridículos como sucede en algunos pueblos de la
serranía peruana, en los cuales hay pobladores, que, aunque nunca han visto un
judío, están convencidos de que tiene cuernos y rabo, al estilo de lo que
atribuyen al diablo).
En la antigüedad no existía el antisemitismo. Los romanos consideraban,
como lo atestiguan varios autores clásicos, que los judíos, (que constituían
cerca del 10% de la población del imperio), tenían creencias absurdas, (¡rezan
a un Dios invisible!), eran excéntricos, (¡se niegan a comer la carne de
cerdo!), y, peor aún, eran flojos y perezosos, (¡descansan un día cada
semana!), pero nunca atribuyeron al judío facultades inhumanas o demoníacas.
La demonización de los judíos empezó cuando los primeros cristianos se
separaron del judaísmo, del cual, hasta ese momento, habían sido una secta, y
culparon a los judíos de la muerte de Jesús. Al exculpar a los romanos del
arresto y muerte de Jesús, y atribuir la responsabilidad de esos hechos a los
judíos, los cristianos tuvieron un doble objetivo: evitar atacar y ofender a
las autoridades romanas, y, simultáneamente, consolidar su separación del
judaísmo, al cual, desde ese momento y durante los siguientes dos milenios,
consideraron enemigo de la nueva religión por no aceptar la divinidad de Jesús.
El antisemitismo, expresado en términos religiosos, ("judíos
deicidas") se originó en las páginas de los Evangelios, especialmente en
el Evangelio de Juan, donde se acusa a los judíos de ser hijos del diablo, (Juan 8:44):
Vuestro padre es el diablo:
vosotros le pertenecéis, y tratáis de hacer lo que él quiere. Desde el
principio, el diablo ha sido un asesino; jamás se ha basado en la verdad,
porque la verdad no está en él. Cuando miente, habla como lo que es: mentiroso
y padre de la mentira.
El antisemitismo, basado en la religión, causó cientos de miles de
muertes, conversiones forzosas, y expulsiones durante los siguientes 15 siglos.
Pero, paradójicamente, fue la última conversión forzosa masiva de la historia,
la que causó que el antisemitismo sufra una mutación, de religioso a racial.
Fue en España, a fines del siglo 15, cuando los reyes católicos Fernando e
Isabel ofrecieron a los judíos, que habían vivido durante siglos en la
península ibérica, una alternativa: la conversión o la expulsión. Gran parte de
los judíos escogieron la expulsión, pero otros aceptaron convertirse. Los
españoles sospecharon que los "nuevos cristianos", gente que había
sido convertida por la fuerza, probablemente no eran sinceros en sus nuevas
creencias, y para discriminar contra ellos inventaron la fórmula de
"limpieza de sangre", que consistía en exigir a los aspirantes que
deseaban ingresar a universidades, ejército, puestos en el gobierno, y otras
instituciones, el requisito de descender de "cristianos viejos". Con
esto se creó el antisemitismo racial, para el cual no interesan las creencias
religiosas, sino el origen étnico de la persona.
Durante los siguientes siglos, la religión gradualmente fue perdiendo
en Europa la fuerza e influencia que había tenido durante la Edad Media. Los
antisemitas abandonaron sus argumentos religiosos, (ya considerados absurdos
por gente culta y educada) y los sustituyeron con argumentos raciales,
atribuyendo a los judíos características negativas innatas e incambiables. El
antisemitismo racial llegó al máximo en la primera mitad del siglo 20, cuando
los nazis decidieron que los judíos eran tan inferiores que no tenían derecho a
vivir, y pusieron en práctica "la solución final", logrando
exterminar a la tercera parte del pueblo judío.
El antisemitismo racial cayó en el desprestigio después de que se
hicieran públicos los horrendos crímenes de los nazis en la Segunda Guerra
Mundial, pero esto no impidió, por ejemplo, que antisemitas polacos masacraran
a judíos en Kielce, el 4 de julio de 1946, un año después del final de la
guerra.
Los antisemitas, desprovistos de los argumentos religiosos y raciales
que habían usado anteriormente como pretexto para su odio irracional,
decidieron usar argumentos ideológicos, para lo cual asumir como propio el lado
palestino en el conflicto árabe-israelí les sirve como objetivo doble: por un
lado se congracian con los árabes a quienes compran el petróleo, y por otro
lado, pueden expresar, y, a la vez esconder, "decentemente" sus
sentimientos antisemitas, exigiendo la desaparición de Israel "por ser un
Estado ilegítimo, genocida, practicante de limpieza étnica, opresor,
imperialista y colonialista". El sionismo, movimiento de independencia
nacional judía, fue condenado como racista por votación mayoritaria de las
Naciones Unidas.
Los antisemitas no se contentan con encontrar nuevos argumentos para
respaldar su odio sino que, cuando lo encuentran útil, reciclan antiguos libelos:
• La acusación medieval de que los judíos mataban a niños cristianos
para usar su sangre en la preparación de la matzá de Pesaj fue
modernizada. En el año 2009 un periódico
sueco publicó artículos acusando a soldados israelíes de matar palestinos para
vender sus órganos.
• El infame panfleto, Los protocolos de los Sabios de Sión, burda
adaptación rusa de un librito satírico francés que atacaba a Napoleón III, fue
actualizado por los eruditos profesores John Mearsheimer, de la Universidad de
Chicago, y Stephen Walt, de la Universidad de Harvard en su libro, El lobby
israelí y la política exterior de los Estados Unidos, publicado en el año 2007.
Los dos autores acusan al lobby israelí de influenciar la política exterior
americana con efectos negativos para los Estados Unidos.
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