jueves 12 de enero de 2012

El Tercer Reich y Palestina

Amin Al-Husseini revistando tropas bosnias de las SS
«El Tercer Reich y el nazismo habían sido un foco de atracción para unas masas que adoraban el liderazgo y que no tenían ninguna tradición de autocrítica. Hitler era considerado el amigo de los árabes. La dirigencia árabe y musulmana sentía predilección por el nazismo y el pangermanismo. El muftí de Jerusalén, Amin Al-Husseini reflejaba este sentimiento filonazi de la mayor parte del mundo árabe y/o musulmán».

Eduard Yitzhak
Porisrael.org

El islamismo es la corriente salafista del Islam que aspira a la islamización de todo el orbe, imitando la vida y acciones de Muhammad, sus seguidores y los primeros califas y basándose en el Corán y de los Hadices. Bajo la cosmovisión islámica todo aquel que se opone a ser islamizado es un enemigo de Alá y de los musulmanes, por lo que tiene que ser combatido y exterminado, para el bien de la misma humanidad.

El estado ideal según el islamismo es el aquel que se rige por el Sharía, la ley islámica. El islamismo es equivalente en versión religiosa al concepto racista nazi de völkisch, la ideología germánica racista. El Islam es la única religión con derecho a existir, y el islamista se erige con la prerrogativa de decidir quien tiene derecho a vivir y quien no, como el nazi se instituyó con la misma potestad de decisión.

Post colonialismo del siglo XX

Las excolonias independizadas de las metrópolis de los imperios europeos en declive desarrollarán consciencias nacionales y estatales, muchas de ellas tomarán el comunismo como factor de cohesión social y como elemento modernizador, es el caso de China, de Vietnam, y otros en los que los partidos comunistas tendrán un papel relevante, como el de Irán. Las excolonias árabes recuperarán el derrotado nacional-socialismo alemán reciclándolo en un panarabismo, en el que muchos nazis, convertidos al Islam, encontrarán refugio y alcanzarán cargos importantes en sus gobiernos, como en Siria, Egipto, Irak.

Los países árabes, anteriormente ocupados mayormente por el Reino Unido y Francia, rechazarán de plano los valores democráticos al ser identificados con aquellas, y al no tener tradición democrática ni un background que lo permitiera consolidar. El Reino Unido y Francia habían sido los portaestandartes de la democracia, el liberalismo y el racionalismo. La estructura social de los países árabes era de corte feudal, gran parte de la población rural, inculta y sumida en el analfabetismo. La elite árabe rechazará los valores de democracias, liberalismo y todo lo que había triunfado con los Aliados después de la 2ª Guerra Mundial.

El Tercer Reich y el nazismo habían sido un foco de atracción para unas masas que adoraban el liderazgo y que no tenían ninguna tradición de autocrítica. Hitler era considerado el amigo de los árabes. La dirigencia árabe y musulmana sentía predilección por el nazismo y el pangermanismo. El muftí de Jerusalén, Amin Al-Husseini reflejaba este sentimiento filonazi de la mayor parte del mundo árabe y/o musulmán.

Independencia de Israel

La independencia de Israel, el recién estado judío, el 14 de mayo de 1948 será percibida por los árabes y/o musulmanes como el summum del desastre. El orgullo árabe no podrá aceptar que los judíos puedan llegar a tener un estado propio, que puedan liberarse de la tutela a la que les sometían. Israel será visto por el mundo árabe como la causa de su fracaso, Israel devendrá el chivo expiatorio que explicará el fiasco árabe, su incapacidad de entender y afrontar la modernidad. Israel será culpabilizado por la elite árabe del retraso social, económico, cultural, científico y tecnológico del mundo árabe. El judío que había sido un ciudadano dhimmi, de segunda clase, sometido al arbitrio del señor musulmán, encarnará en el mundo árabe todos los males, la democracia, la modernidad, en dos palabras, el mundo moderno.

El panarabismo, como antes el pangermanismo, bajo el liderazgo del Rais Gamal Abdel Nasser, justificará todos sus fracasos con el chivo expiatorio de Israel, y por todos los medios, incluida la guerra y el terrorismo, buscará destruir al recién estado judío.

El panarabismo, así como el islamismo, considerarán que el capitalismo, el marxismo, el liberalismo, la democracia, la vida urbana habían sido creados por el judío.

Los dirigentes árabes buscaban la unión del mundo árabe, y su fracaso en este cometido será imputado a Israel, el panarabismo estaban y querían estar convencidos –en una mezcla de cinismo y fanatismo infantil, pero mortífero– que los judíos e Israel, el estado judío, eran responsables del fracaso. El mundo árabe, mayormente musulmán, ya tenía en el islamismo el factor religioso que aspiraba a la unificación no sólo del mundo árabe sino de toda la Umma (la Nación Musulmana). Ambos, panarabismo e islamismo, convivirán alternando la convivencia con los choques mortales, competiendo por el mismo mercado social, las masas árabes. En diversas épocas ambos movimientos se atacarán, se combatirán, pero tendrán en común y como factor de cohesión el odio al judío y a su estado, Israel.

El islamismo considerará que no sólo se tiene que combatir contra Israel, sino también contra el judío, contra todo judío, al que hacia responsable del debilitamiento del Islam en el mundo árabe y/o musulmán. Para el totalitarismo religioso islamista todo lo que se opone al avance de la implementación del Sharía en última instancia es responsabilidad de los judíos, e Israel encarna la maldad y el demonio.

Islamismo, versión religiosa del concepto nazi völkisch

El nazismo alemán consideraba que los arios eran los miembros de la raza superior a la que todos los pueblos de la tierra tenían que obedecer y servir.

El supremacismo islamista considera que únicamente el Islam tiene derecho a existir, y que todas las otras religiones son inferiores y falsas, son creaciones humanas, y que los musulmanes son superiores al resto de los mortales, así como lo eran los miembros de la “raza” alemana para el nazismo.

Los nazis consideraban que la humanidad se dividía en tres razas, la raza pura superior –los “arios” germanos–, la “raza” pura judía, absolutamente inferior, formada por subhombres, y el resto de la humanidad que no era más que “un caos de pueblos”.

Los islamistas consideran que hay que tres religiones, la pura musulmana, única y verdadera, las falsas monoteístas, la judía y la cristiana, y el resto de infieles, politeístas.

Los nazis pensaban que era imprescindible exterminar a los judíos, derrotarlos para liberar a la raza germánica, los islamistas piensan que es imprescindible exterminar a los judíos, borrar a Israel del mapa de las naciones, para liberar al Islam. El discurso reiterativo y obsesivo Jomeini y de Ahmadineyad son paradigmáticos sobre el islamo-racismo antijudío.

A muchos alemanes les atraía la visión völkisch racista, sus creadores, propagandistas y fieles seguidores implementaban la ideología en los medios de comunicación que se iba expandiendo progresivamente, y esta hacia que el alemán medio –que económica y socialmente se había sentido durante siglos insignificante, sin apenas colonias, y derrotado en la 1ª Guerra Mundial–, ahora gracias al concepto völkisch se podía sentir importante, dominador y en la cumbre de la humanidad. El orgullo racial “ario” configuraba un nuevo hombre, el “hombre superior que dominaría toda la tierra”, gracias al Führer y al nazismo.

El árabe y/o musulmán que se ha sentido durante siglos tan insignificante económica, social, cultural, científica e intelectualmente, ahora gracias al islamismo puede apreciarse importante, conquistador, dominador, y además, perteneciente a la religión única, verdadera y superior, el musulmán islamista se configura como un nuevo hombre, el hombre que Alá le concede el Paraíso.

El nazi lucía ostentosamente su uniforme y su esvástica, el islamista luce su indumentaria con el orgullo del supremacismo religioso “sabedor” de que Alá le otorgará la victoria contra el resto de la humanidad. Las marchas y manifestaciones nazis daban vigor y seguridad al alemán, el valor de ser parte de una gran masa, así como los rezos en las calles lo dan al musulmán.

Por irracional, anticientífica, absurda e incongruente que fuera la visión völkisch esta ideología fue expandiéndose en Alemania y Austria. Para el alemán con ciertas pretensiones de educación, absolutamente carente de auto critica, indignado por su impotencia política y social, el concepto völkisch racista adquiría grandes atractivos, le fascinaba al alemán sentirse portador de una misión divina, la de combatir contra las fuerzas tenebrosas del judío, causante de la decadencia del ario. Para el musulmán con ciertas pretensiones espirituales, absolutamente carente de autocrítica, irritado y enojado por su insignificancia política, cultural, científica y social en el concierto de las naciones, el islamismo adquiere grandes atractivos, le hace al musulmán portador de una misión divina, la de combatir al líder de los infieles, el judío, y al judío de las naciones, Israel. Es la fascinación del infeliz por ser sujeto de una misión trascendental.

Pocos se imaginaban antes del ascenso del nazismo que la visión völkisch racista llegaría a tener tanta influencia en la política del siglo XX.

No todos los alemanes compartían la visión völkisch racista del mudo, ni todos los árabes, ni todos los musulmanes comparten la visión islamista supremacista del mundo.

Antes del ascenso del islamismo, pocos se imaginaban que la visión islamista, que se inicia en 1928 por Hassan al-Banna en Egipto después del colapso del Imperio otomano, fundador de la Hermandad Musulmana, fuera a tener tanta influencia en la política en la segunda parte del siglo XX y en el actual.

El fracaso económico, político y militar de Alemania, la humillación de la derrota y los padecimientos que siguieron a ésta, la mortificación impuesta por los tratados de paz de Versalles y St. Germain, el total desconcierto y la ruina financiera generalizada que siguieron al derrumbamiento de la moneda, la ausencia de minorías nacionales en Alemania y Austria sobre las que pudieran desfogarse, la arrogancia y el rencor nacionalistas, la falta de expansión imperial y de colonias, que impedía la emigración a un nuevo mundo, a diferencia del Reino Unido, Francia, como válvula de escape al enorme desempleo, espolearon el avance y auge de la ideología völkisch racista nacionalsocialista pangermanista como compensación psicológica e ideológica justificadora del fracaso. Era un sistema ideológico contradictorio e irracional, una amalgama de teorías que partía del principio simple, pero eficaz, de explicar y justificarlo todo acusando al judío de todos los males que habían acontecido a la “raza aria” desde los tiempos remotos. El judío devenía nuevamente el chivo expiatorio. Se publicaron múltiples veces los Protocolos de los Sabios de Sión, que “explicaba” lo que acontecía como fruto de una conspiración judía mundial, causado por una sed de mal inherente e innata racialmente a todo lo judío, no sólo al judaísmo, sino que el judío como individuo era racialmente “peligroso” para la supervivencia del völkisch.

El fracaso de la política, económica, social, cultural, y científico-tecnológico del mundo árabe, el retraso, subdesarrollo y decadencia del mundo árabe fue achacado primeramente al colonialismo europeo para acabar siendo el culpable de todo ello la independencia del estado judío, el panarabismo nacionalsocialista, abanderado por las diferentes familias político-militares y nacionales del Baaz se erigió como portaestandarte del mundo árabe, mayormente en la escasa población urbana, y acusó sempiternamente al judío y a Israel como el causante de todos los males de la sociedad árabe. Simultáneamente en la subdesarrollada sociedad árabe, mayormente tribal, campesina y muy poco ilustrada, convivía el Islam como factor religioso y de cohesión.

El fracaso de las dictaduras panarabistas en unificar y modernizar el mundo árabe han roto la fascinación que sentían las masas árabes por sus líderes, la perpetuación del subdesarrollo y la perpetuación de la secular corrupción ha espoleado el auge del islamismo, como recambio ideológico, a la vez que desempeña la función de compensación psicológica y social. El judío e Israel devienen los causantes de todos los males del mundo árabe, y por extensión del mundo musulmán, llegándosele a culpabilizar de todos los males de la humanidad. El islamismo como ideología, la indumentaria, el velo, el chador, el burka, el pañuelo “palestino” serán motivo de orgullo, y el terrorismo yihadista devendrá en la palanca del islamismo para doblegar las voluntades del mundo musulmán no estrechamente adherido a los postulados yihadistas así como fuerza atemorizadora del “infiel”.

Mein Kampf, los Protocolos, el Corán y los Hadices

Mein Kampf y los Protocolos jugaron un importante rol ideológico justificatorio para exterminar judíos y a los que eran considerados como contaminados por los judíos, así mismo el Corán y las tesis yihadistas juegan un importante papel justificatorio para hacer desaparecer el estado de los judíos, Israel, y a los que están contaminados por aquellos, los cristianos.

El antisemitismo árabe islamista se basa en tres ideas:

1. en la teoría supremacista del arabismo, de querer perpetuar el rol de dhimmi del judío y de su estado, Israel, en el mundo árabe, considerando inaceptable que el judío se independice del yugo del señorío del amo árabe, por lo que Israel, el estado judío, en definitiva tiene que ser disuelto y sometido al Diktat árabe, como el dhimmi tiene que aceptar su situación de ciudadano de segunda clase sometido al árabe.

2. en la visión mística y religiosa del islamismo que considera que el mundo está gobernado por poderes del bien y del mal, y conforme a esta visión, los judíos representan el principio del mal, y su auxiliar es el Cristianismo, el capitalismo, el comunismo, el liberalismo y la democracia. Esta visión religiosa, basándose en la lectura del Corán y de los Hadices, insta al combate, la lucha, de los seguidores del bien, los islamistas, contra los judíos y sus auxiliares, los cristianos. Esta misión “divina” proporciona un atractivo adicional a la histórica tradición de combate secular musulmana contra el que consideran infiel.

3. en la larga e histórica tradición de lucha y guerra, y su exaltación como máxima virtud del buen musulmán , iniciado por Muhammad, lo que proporciona una legitimización del Yihad, que alimenta la fantasía de combate a un amplio sector de la población musulmana que ve en la guerra religiosa el medio de enriquecerse y mejorar su nivel de vida.

El islamismo se ha visto reforzado a los ojos de amplias capas de la población de musulmanes, por la derrota militar del comunismo frente al yihadismo, que a pesar de la alianza táctica que estos llevan en Occidente con los comunistas y extrema izquierdistas, los islamistas han llevado un cruento combate contra aquellos en el mundo musulmán [Dar al Islam], como el caso de la destrucción del Tudeh (Partido Comunista de Irán) y el exterminio de sus militantes perpetrado por los jomeinistas. La derrota del comunismo, percibido éste como “auxiliar” del judaísmo en la visión nazi e islámica del mundo, y su capitulación en el frente económico, social y político, con el derrumbe de la caída del muro de Berlín, y la capitulación militar del Ejército Rojo frente a los talibanes en Afganistán, así como el islamoterrorismo y el derribe de las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S perpetrado por islamoterroristas ha reforzado la visión redentora del Islam y su invencible marcha hacia la completa implementación de este a nivel mundial.

Millones de musulmanes tienen este ideario y bajo la influencia de este credo acolchan y protegen a los yihadistas, lo que les confiere a estos un marco de protección y de complicidad en Occidente.

Israel es percibido como la avanzadilla del mal, el cáncer de la democracia, el liberalismo y de Occidente en el seno del mundo árabe y musulmán, es aquella “mancha del mapa que hay que borrar”, en palabras de M. Ahmadineyad, proferidas anteriormente por R. Jomeini, y por los líderes del panarabismo: Nasser, Assad, Gadafi, Hussein, y un largo repertorio de islamistas panarabistas.

Israel, el judío de las naciones, deviene el “peligro” a la supremacía y hegemonía panarabista e islamista, como el “judío” lo fue para el nazi, y la misión del nazi será exterminar al judío, la del panarabista e islamista será combatir a muerte a Israel.

No bastan pequeñas cesiones de territorio israelí, la meta es la destrucción total de Israel, como lo fue el objetivo final del nazismo: la eliminación (Entfernung) de todos los judíos.

La “filosofía de la historia” del nazismo era una combinación de la propaganda de Los Protocolos de los Sabios de Sión, El judío internacional, de H. Ford, el Manual de la cuestión judía de Fritsch, y un darwinismo social, que proclamaba el exterminio del débil, mezclado con especulaciones völkisch racistas constituyendo un corpus ideológico que justificaba y legitimaba al nazi, al germano ario superior, y veía natural, positivo y correcto el exterminio del judío, el enemigo de la humanidad.

La “filosofía de la historia” del islamismo es una combinación del Corán, de los Hadices, de los actos bélicos de Muhammad y de sus discípulos, que justifica el exterminio del infiel, el sometimiento de este, y su posterior aniquilación en caso de persistir su negación a la conversión al Islam.

Hitler ve la historia humana como parte de la naturaleza y esta tiene que seguir las mismas leyes que el resto de la naturaleza, la supervivencia del más fuerte. Así como la naturaleza exige desigualdad, jerarquía, subordinación del inferior al superior, en la que no hay cabida para leyes éticas de igualdad y solidaridad, esta ley de la naturaleza es la que tiene que regir la humanidad, pero en la historia humana hay una serie de revueltas contra estas leyes, contra el orden “natural”, y estas revueltas, contra natura, han llevado a un igualitarismo que progresivamente va en aumento. Para Hitler, la igualdad, la solidaridad entre los diversos pueblos es anti natural y sólo puede ser creado por el bacilo judío. Los Hijos de Israel en tiempos del judío José inventaron el capitalismo en Egipto para socavar el poder del faraón y de los estamentos superiores, los judíos incitaron a los estamentos inferiores haciéndoles creer que todos eran iguales ante un único dios, por lo que los nacionalistas egipcios quedaron hastiados de los bacilos judíos hasta que los expulsaron, ese el auténtico significado del Éxodo, según Hitler. Para el Führer alemán, Moisés es el primer bolchevique de la historia, el precursor de los judíos Marx y Lenin [Hitler y Eckart suponían que Lenin era judío]. A los ojos de Hitler, los estratos inferiores consisten, en todo el mundo, en un material humano parecido, mezclado racialmente y por lo tanto inferior. Para el Führer alemán la esencia de la conspiración judía mundial es que utiliza toda esta mezcla de gente para derrocar a las clases superiores racialmente puras, con el objetivo de llegar a dominar el mundo. Tanto Eckart como Hitler, lo que cuidaban de decirlo en público, el cristianismo era parte de la conspiración judía. El cristianismo al exaltar el pacifismo y el espíritu igualitario debilitaban el alma aria, le inoculaban el virus judío de la conciencia ética, de la igualdad, de la piedad, valores horrendos para el mantenimiento y supervivencia de la raza superior, teniendo esta que regirse por las leyes de la naturaleza. Según Hitler, el Imperio Romano se debilitó por culpa de la conspiración judía que a través del cristianismo infectó el bacilo del pacifismo y el espíritu igualitario, privándole de la visión jerárquica y militar que era su soporte, lo que le causó su caída, para que los judíos pudieran avanzar en el proceso de dominación mundial, y esta historia –creerán firmemente Hitler y sus seguidores– se repetirá en la Revolución Francesa, el liberalismo, la democracia, el bolchevismo, que no serán más que episodios en la guerra eterna de los judíos contra el orden natural de la jerarquía y de la supremacía aria a nivel mundial. Para el Führer, el ario está creado por fuerzas divinas y naturales para ser el amo de la naturaleza y de los pueblos, y el judío, en su rencor, le combatirá a muerte con la ideología igualitaria, de solidaridad, y del complejo de culpabilidad, por lo que no sólo está justificado erradicar el judaísmo, sino también exterminar al judío como ser humano, pues no es realmente humano, es un subhombre, ya que el judío ha pretendido a lo largo de la historia derrocar a los efectivamente dominantes y superiores, a las minorías de pura sangre, racialmente superiores, que la naturaleza ha establecido como clase gobernante, y el judío tiene como estrategia bastardizar promiscuamente los pueblos, rebajarlos del nivel racial de los pueblos más elevados. El león no tiene remordimientos de matar y comerse un cordero, es la ley de la naturaleza lo que permite la supervivencia del más fuerte, el judío es la “rata” que ha hecho creer a los corderos que no son corderos, y que el león tiene que abandonar sus instintos depredadores, haciéndoles creer que el león y el cordero tendrán que pacer juntos, con el insano objetivo de debilitar la naturaleza y dominarla posteriormente.

Toda la jerga, la literatura, y propaganda nazi se basaba en este concepto sobre el desarrollo de la historia, en la que la decadencia y podredumbre, desviación del orden jerárquico natural era causado por el principio del mal y antinatural, que se encarnaba en el judío, y este actuaba sobre poblaciones racialmente impuras y contaminadas.

Himmler afirmó en 1942 que el descubrimiento del virus judío era una de las mayores revoluciones que habían ocurrido en el mudo, afirmando que la única forma de recuperar la raza superior salud era eliminar al judío.

El nazismo creía que únicamente los seres nórdicos –y los japoneses más por razones políticas que biológicas y naturales– eran humanos; el resto de lo que entendemos y se suele considerar como humanidad no era más que una mezcolanza racial, no perteneciente a la humanidad, sino a una especie inferior. El judío al querer utilizar a estos seres racialmente inferiores para debilitar a los arios nórdicos, lo que hacia era privar a la Tierra de su población racialmente pura humana, los arios germanos. En caso de que los judíos llegaran al poder, la tierra sería privada de seres humanos en sensu estricto, que no serían más que animales con cobertura humana, bajo la dirección de los judíos, que son seres demoníacos disfrazados de seres humanos.

En 1924 Hitler escribió: “Si el judío conquistara, con la ayuda del credo marxista, las naciones de este mundo, su corona sería la guirnalda fúnebre de la raza humana, y el planeta volvería a girar en el espacio despoblado como la hacía millones de años atrás. La naturaleza eterna venga inexorablemente la transgresión de sus preceptos. De aquí que yo me crea en el deber de obrar en el sentido del Todopoderoso Creador: al combatir a los judíos, cumplo la tarea del Señor”.

Desgraciadamente estas ideas delirantes llegaron a convertirse en el credo oficial de las SS y del régimen que gobernó Alemania y Austria y que aterrorizó y martirizó a Europa, y que exterminó a los judíos europeos por el mero hecho de ser judíos, y que se auto otorgó la potestad de decidir quien tenía derecho a la vida y quien no.

El cuartel general de las SS distribuyó a sus miembros una hoja en la que Hitler exponía su versión sobre la conspiración mundial:

Al igual que la noche sigue al día, al igual que la luz y las tinieblas son eternas enemigas, así el mayor enemigo del hombre dominador del mundo es el propio hombre. El subhombre –ese que parece como si biológicamente fuera absolutamente de la misma especie, dotado por la Naturaleza de manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y boca– es sin embargo un ser completamente diferente y terrible, no es más que una tentativa de ser humano, con una cara casi humana, pero cuya mente y cuyo espíritu son más viles que los de cualquier animal. Dentro de ese ser hay un caos cruel de pasiones salvajes e incontroladas: una voluntad innominada de destrucción, la vileza más descarada. ¡Un subhombre y nada más! … Jamás ha permitido ese subhombre que haya paz, jamás ha permitido el descanso… Para subsistir necesitaba el lodo, necesitaba el infierno, pero no el sol. Y este submundo de subhombres encontró a su dirigente: ¡el judío eterno!

Los nazis aplicaron ese credo, asesinaron a seis millones de judíos, a los que consideraban como transmisores de una peste que contagiaba al mundo, y a veinte millones de rusos, porque pensaban que Rusia estaba infectada por la revolución marxista, y que los rusos estaban bastardizados por los judíos, aunque el deseo manifestado de Himmler al atacar Rusia era exterminar a treinta millones de rusos, lo que explica la ferocidad y crueldad con los prisioneros de guerra y la población rusa.

Hitler escribió a Gemlich en 1919 una carta en la que narraba su intención de eliminar totalmente a los judíos. El Führer alemán anunció en el Reichstag el 30 de enero de 1939: “Hoy voy a ser profeta una vez más: si los financieros judíos internacionales de Europa y fuera de Europa logran sumir a las naciones una vez más en una guerra mundial, entonces el resultado no será la bolchevización de la Tierra, y con ella la victoria del judaísmo, sino la aniquilación de la raza judía en Europa.” Volvió a repetir su amenaza ante el Reichstag el 1de septiembre de 1939, en el momento de la invasión de Polonia. El 30 de enero de 1941 lo repitió en el Sportpalast de Berlín: “Y no quiero que se olvide la sugerencia que hice ya el 1 de septiembre de 1939 en el Reichstag alemán: que si el mundo se ve sumido en una guerra general, el judaísmo en su totalidad se verá acabado en Europa. Que se rían de esto hoy, como se han reído antes de mis profecías. Los meses y los años venideros demostrarán que también en este caso he acertado.” En junio de 1941 se inicia la invasión de la URSS y con ella el exterminio de los judíos rusos, el 30 de enero de 1943 Hitler decía:

“Comprendemos cabalmente que esta guerra no puede terminar más que con el exterminio de los pueblos arios o con la desaparición del judaísmo en Europa. Ya dije el 1 de septiembre de 1939 en el Reichstag alemán –y yo me cuido mucho de hacer profecías temerarias– que esta guerra no terminará como se imaginan los judíos, es decir, con el exterminio de los pueblos arios de Europa, sino que su resultado será la aniquilación del judaísmo” Hitler anunciaba en su mensaje de Año Nuevo de 1943: “Ya he dicho que la esperanza del judaísmo internacional de que destruiría a Alemania y a otros pueblos europeos en una nueva guerra mundial será el peor de los errores cometidos por los judíos en miles de años; porque no van a destruir al pueblo alemán, sino a sí mismos, y acerca de eso no cabe hoy día la menor duda…”

En una conversación con Himmler en octubre de 1941, Hitler decía: “Con el exterminio de esta plaga haremos a la humanidad un favor del que nuestros soldados no pueden tener ni idea… Desde el podio del Reichstag profeticé al judaísmo que, en caso de que la guerra resultara inevitable, el judío desaparecería de Europa. Esa raza de criminales tiene sobre su conciencia a los dos millones de muertos alemanes de la Primera Guerra Mundial, y ahora a centenares de miles más…”.

Pocas semanas antes de suicidarse en el bunker, Hitler declaraba: “He jugado limpio con los judíos. En vísperas de la guerra les hice una última advertencia. Les advertí que si volvían a sumir al mundo en una guerra, esta vez no saldrían incólumes, que esos bichos se verían exterminados definitivamente en Europa. Replicaron a aquella advertencia con una declaración de guerra… Hemos sajado el absceso judío. El mundo del futuro nos estará eternamente agradecido”.

En el testamento político que dicto la noche del 28 al 29 de abril de 1945 (se mató el 30), volvió a insistir: “No es verdad que yo, ni nadie en Alemania, quisiera la guerra en 1939. La querían y la provocaron exclusivamente los políticos internacionales que eran de origen judío o que trabajaban en pro de los intereses judíos…”. Y en las últimas palabras de su testamento, las últimas palabras que escribió, exhortaba a la élite de la nación alemana a la “oposición implacable al emponzoñador mundial de todos los pueblos, el judaísmo internacional”.

Pocas horas antes de suicidarse Hitler manifestaba verdadera y sinceramente lo que creía. Norman Cohn en su libro Warrant for Genocide. The Myth of the Jewish World Conspiracy and the Protocols of the Elders of Zion se pregunta: “¿Cómo han de interpretarse esas expresiones? ¿Cómo puede Hitler haberse creído que los judíos habían causado la Guerra que él (el mismo Hitler) había provocado? La única respuesta es que para Hitler todo lo que se opusiera a su propia ansia ilimitada de dominación aparecía automáticamente como parte de la conspiración judía mundial. Y así parece haber ocurrido efectivamente en cada fase de su carrera, comprendida la guerra. Toda nación, grande o pequeña, que tratara de defender su territorio o sus intereses contra las reivindicaciones insaciables de Alemania demostraba por eses mismo hecho que era un instrumento de los Sabios de Sión”.

El pensamiento delirante y obsesivo de Hitler era el resultado de una combinación de cinismo total, supermaquiavelismo, cuyo todo valor de la vida eran el poder y más poder, obsesión y manía persecutoria junto a fantasías delirantes acerca de la conspiración judía mundial. León Poliakov comenta que los dirigentes nazis empezaron por drogarse con la subliteratura sensacionalista del tipo de los Protocolos y acabaron por trasladar aquellas fantasías morbosas a una realidad más terrible de lo imaginable.

Norman Cohn recuerda que el combate implacable de una banda de conspiradores por lograr la dominación mundial, organizada, el desprecio por la humanidad en general, la glorificación de la destrucción y de la miseria masiva junto con el silencio cómplice de la mayor parte de la población alemana permitió que los nazis perpetraran sus horrendos crímenes. Todos los testigos de la época están de acuerdo que cuando Hitler llegó al poder, Alemania no era de hecho un país presa de un antisemitismo frenético, hipnotizado por el mito de la conspiración judía mundial y sediento de sangre judía.

De la edición más popular de los Protocolos se habían vendido casi 100.000 ejemplares en una docena de años, pero de la novela más famosa, antibelicista e izquierdista, de Remarque, Sin novedad en el frente, editada en 1929, se habían vendido un cuarto de millón de ejemplares en un solo año, y eran muchas las otras novelas “progresistas” que también tenían grandes ventas. Norman Cohn añade que tampoco se puede dar por hecho que ni siquiera la totalidad del mismo Partido Nazi, con su número relativamente pequeño de miembros, que era de un millón aproximadamente, fuera fanáticamente antisemita. Análisis sociológicos de la época –realizados por el sociólogo norteamericano Theodore Abel mostraban el antisemitismo no fue la causa principal para adscribirse al partido nazi en la mayoría de sus miembros, sino la necesidad de unidad de los alemanes y de tener un jefe supremo, pero también que era cierto que muchísimo de los diecisiete millones de alemanes que votaron a los nazis en1933 debe haber estado dispuestos a exponer a sus ciudadanos judíos a la pérdida de sus libertades civiles, así como también era totalmente cierto que habían centenares de miles de alemanes que apoyaban la idea de hacer desaparecer el judaísmo y exterminar a los judíos de la faz de la tierra. El exterminio casi total de los judíos europeos pudo llevarse a cabo por la mezcla de fanatismo de una minoría ante la indiferencia de la mayoría, la organización de una minoría obsesionada por asesinar a los judíos junto a la indiferencia y silencio cómplice de la mayoría de alemanes. Esta combinación entre los miembros obsesionados del partido nazi junto el silencio cómplice de la mayoría de la población permitió que el 1 de abril de 1933, –en febrero de 1933 Hitler era canciller– se iniciase el boicoteo obligatorio de 24 horas a todos los comercios de los judíos, bajo la invocación de los Protocolos como justificación de aquella primera medida. El boicoteo fue un ensayo, como nadie protestó, el gobierno pasó a introducir su legislación antisemita, se excluyó a los judíos de la administración pública y de las profesiones liberales, y en septiembre de 1935 se les acaba de expulsar de la comunidad de la nación alemana, que no del territorio alemán–, son rechazados como alemanes en septiembre de 1935 con las Leyes de Nüremberg.

A nivel de política exterior lo primero que hará el gobierno nazi será anexionarse Austria y reclamar la pertenencia a la Nación Alemana, al Tercer Reich, los Sudetes.

Crisis de los Sudetes

A partir del siglo XIII los reyes de Bohemia habían invitado a colonos alemanes a poblar la región de los Sudetes. Los alemanes representaban más del 30 por ciento de la población de este territorio, conservando la lengua, la cultura y las tradiciones alemanas.

Desde la creación de Checoslovaquia en 1919 se utilizó mayormente la expresión alemana Sudeten para designar a la minoría germanófona descendiente de aquellos antiguos colonos del siglo XIII.[[18]] El 1 de octubre de 1933 se crea el Partido Alemán de los Sudetes, que reclama la adhesión de la región al Tercer Reich. Alemania se anexiona Austria en marzo de 1938, Hitler se erige como defensor de los alemanes de Checoslovaquia desatando la crisis. El Partido Alemán de los Sudetes promulga los decretos de Carlsbad el 24 de abril de 1938, en los que exige autonomía y libertad para profesar la ideología nazi. Gran Bretaña envía a Lord Runciman para negociar un acuerdo con el gobierno checo, liderado por el presidente Edvard Beneš, que fracasó por la decisión de Hitler de ordenar a Henlein que realizara demandas imposibles de aceptar por el gobierno checo. Inicialmente Francia y la URSS apoyan a Checoslovaquia, aunque sin mucho entusiasmo, el Reino Unido intenta mostrarse conciliador. El primer ministro francés Édouard Daladier, quebranta la alianza con Checoslovaquia, llegando a Múnich el 29 de septiembre de 1938. Francia tenía un tratado de alianza con Checoslovaquia de mutua ayuda ante la agresión por un tercer país. La Unión Soviética tenía un tratado defensivo con los checoslovacos, que le obligaba a auxiliar al país centroeuropeo, si antes lo hacía Francia, que parece cada vez más reticente a cumplir sus obligaciones. Finalmente los soviéticos anuncian que están dispuestos a apoyar unilateralmente a Checoslovaquia, incluso si Francia faltase a su compromiso. El día 21 de septiembre de 1938, Hitler añade a sus reivindicaciones territorios de Polonia (Cieszyn checoslovaco) y Hungría. En Godesberg (22-24 de septiembre de 1938) vuelve a entrevistarse con Chamberlain y reclama no sólo su anexión a Alemania, sino la completa ocupación militar. Benito Mussolini interviene como “mediador” y propone una reunión de potencias en Múnich.

La Unión Soviética confirma el 21 de septiembre de 1938 al gobierno checoslovaco que está dispuesta a ayudar su país. El 23 de septiembre Checoslovaquia moviliza sus tropas con un ejército moderno y preparado, con unas defensas fronterizas muy poderosas, pero terminó abandonando toda resistencia a la invasión alemana, ante la falta de apoyo de las potencias occidentales. A pesar del potencial militar checoslovaco pudiendo movilizar cerca de un millón y cuarto de hombres con formación militar frente a unos 1.100.000 de Alemania, En septiembre de 1938, Alemania contaba con 45 divisiones, sin ninguna división de reserva. De ellas, sólo 37 podían utilizarse contra Checoslovaquia, dejando con ello el resto de las fronteras prácticamente indefensas. A estas fuerzas se podían añadir un máximo de 4 regimientos motorizados de las SS. Por otra parte, las fortificaciones alemanas occidentales contra una posible invasión francesa no estaban listas. Por su parte, Checoslovaquia contaba con 17 divisiones de infantería y 4 divisiones móviles en tiempo de paz, y otras 17 divisiones tras la movilización general, además de 4 formaciones del mismo tamaño ocupando las fortificaciones fronterizas y unos 138 batallones de personal militarizado (guardias de frontera, ferrocarriles, aduanas...), equiparables a otras 14-15 divisiones, sumando unas 57 divisiones en total. Checoslovaquia podía movilizar, incluyendo únicamente a la primera reserva y parte de la segunda, cerca de 1.250.000 hombres con formación militar, frente a unos 1.100.000 de Alemania. La aviación alemana podía disponer de unos 1.080 aviones para cubrir sus fronteras, y la checa de unos 520 aparatos, pero las condiciones meteorológicas del invierno de 1938 eran adversas para la participación de la aviación. Los checoslovacos poseían ciertas ventajas adicionales: la posición central que permitiría el traslado de tropas de una parte a otra del frente, la condición escarpada y boscosa de la frontera y las fuertes defensas (campos minados, fuertes, nidos de ametralladoras y abundante artillería). Por su parte, las existencias de municiones alemanas sólo permitían seis semanas seguidas de combates. También Checoslovaquia contaba con el apoyo soviético, fuera cual fuera la postura francesa. Los soviéticos movilizaron el 21 de septiembre unas 90 divisiones.

Política del appeasement (apaciguamiento) de Chamberlain que accede a desmembrar Checoslovaquia con el objetivo de evitar la guerra, en nombre de la paz. El Premier británico firma el Acuerdo de Múnich en el que se pacta conceder la región checoslovaca de los Sudetes a Alemania. A las 1:30 horas am del 30 de septiembre de 1938 Adolf Hitler, Neville Chamberlain, Benito Mussolini y Édouard Daladier firman el Acuerdo de Munich. Estos acuerdos indignaron a Checoslovaquia, que no había sido invitada a participar en ellos, y a la que sólo se le comunicó el resultado.

La ocupación alemana se realizó del 1 al 10 de octubre, restándole con ello cerca de 30.000 km² a Checoslovaquia, sin que las otras potencias europeas reaccionaran. Tras ello, la mayor parte de la población checa fue expulsada de la región. A finales de 1938 desaparece el Partido Alemán de los Sudetes y se fusiona con el Partido Nazi Alemán. En marzo de 1939 Alemania ocupó el resto de Checoslovaquia.

Así como el nazismo fue la ideología expansionista del régimen racista alemán, el islamismo es la ideología del totalitarismo religioso del Islam que considera que cualquier oposición al avance de la implementación del Islam es percibida como parte de la conspiración del sionismo, de satanás, del demonio, contra las fuerzas del bien, de Alá, de los musulmanes.

El Lebensraum nazi

Hitler pretendía incrementar el espacio vital a través del Anschluss (anexión) con Austria y las invasiones de los Sudetes (República Checa) en 1938 y de Polonia en 1939. En Mein Kampf, Hitler declaraba: «los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población».

Las reivindicaciones nazis sobre los Sudetes excusándose en que eran parte del territorio del Primer Reich y que tenían que volver a serlo del Tercer Reich, son equivalentes a las reivindicaciones de los nacionalistas panarabistas, de influencia nazi, y de los islamistas. Los panarabistas nacionalistas–socialistas reivindican el derecho tradicional árabe de someter al no-árabe, el islamismo considera que todo territorio que un día fue ocupado por la Espada del Islam tiene que volver a ser reislamizado, como el caso de las reivindicaciones sobre la península ibérica (España y Portugal) –el antiguo Al-Andalus– , Israel y tantos otros territorios con el objetivo de volver a ser parte de la Umma.

La obsesión nazi sobre los Sudetes no sólo obedecía a una cuestión territorial, por su frontera con Alemania, sino que también lo era ideológica, era parte del espacio vital alemán, era su Lebensraum, por lo que a través del Anschluss con Austria y las invasiones de los Sudetes en 1938 y de Polonia en 1939. Alemania tenía derecho a conquistar el mundo, la raza superior aria estaba predestinada a la conquista de la tierra y a someter al resto de las razas, así como el león somete al cordero.

El Lebensraum islámico

El islamismo reclama en primer lugar “recuperar” los territorios que un día fueron ocupados por el Islam, como paso previo al despliegue del Islam sobre todo el orbe.

La central y obsesiva idea de destruir Israel es fruto del supremacismo ideológico religioso islamista al considerar que tanto judíos como cristianos han tergiversado la Torá [Antiguo Testamento] y los Evangelios, respectivamente. Los profetas de la Biblia afirman que el pueblo judío volverá a la tierra de Israel, y el Corán declara que todo el orbe será musulmán. La existencia del estado de Israel, como estado de los judíos, valida la Biblia e invalida el Corán a los ojos de los musulmanes en general, y de los islamistas en particular, por lo que hay que revertir el proceso.

Desde el mismo día que los judíos pudieron recuperar su independencia y recrear su Estado, el 14 de mayo de 1948, ejércitos árabes de seis países vecinos, junto a la Legión Árabe, con ayuda económica de los países árabes, invadieron Israel con el objetivo explicito de “concluir la obra de Hitler” y aniquilar a los judíos.

Los árabes que vivían en la tierra de Israel ocupada por los británicos, y anteriormente por los turcos eran árabes sirios, que nunca habían oído hablar de Palestina, y se identificaban únicamente como árabes. Estos fueron reclamados por sus hermanos árabes de los países que agredieron a Israel para dejar campo libre a los bombardeos y a las matanzas de judíos. Estos árabes, que más tarde se apropiarán del nombre de palestinos, desconocido para éstos y que sólo servía como adjetivo a los judíos que vivían en lo que es el estado de Israel.

Los árabes han ido perdiendo todas las guerras que ellos mismos hacían contra Israel.

La propaganda árabe-palestina e islamista repite hasta la saciedad que Israel es el enemigo de la paz, el que guerrea contra el Islam, pero ¿cómo pueden creerse estas declaraciones los islamistas, los panarabistas y los actuales aliados del totalitarismo islamista, los izquierdistas judeófobos, que se han añadido y sustituido en esta alianza a los nazis–, cuando son los mismos árabes los que las han provocado?

La única respuesta es que para los nacionalistas panarabistas es que Israel y los islamistas todo lo que se opone a la propia ansia ilimitada de dominación, legitimada por el Corán, aparece como parte de la conspiración sionista mundial, con la colaboración de los cruzados occidentales, como así califican al mundo cristiano.

Si el judaísmo fuera una secta del Islam, y los judíos fueran colonos no-árabes –como los turcos– que ocupaban la tierra de Israel, no existiría este conflicto, los árabes “palestinos” no tendrían ningún reparo ni objeción, y no sería un tema central en la política internacional. Hay tierra árabe siria ocupada por Turquía, y tierra árabe ocupada por Irán, territorios de mayor superficie que Israel, y no son objeto de reclamo ni de solidaridad de los mismos árabes ni por parte de los izquierdistas europeos, que se consideran ellos mismos como los más cultos de entre los antisemitas, lo que no es mucho decir. La región árabe del Al Ahwaz, Arabistán, con capital Ahwaz, está ocupada por Irán, que le ha cambiado el nombre por Juzestán, cuya superficie es de 375.000 km2 [17 veces mayor que la superficie de Israel], cuya reivindicación es permanentemente ignorada por los países árabes, y nadie del mundo árabe y/o musulmán toma el más mínimo interés por sus ocho millones de hermanos árabes, sometidos a la ocupación iraní.

Los países árabes y/o musulmanes tampoco reclaman las tierras árabes ocupadas por Turquía: La región de Hatay, Iskenderun, –Alejandreta–, es tierra siria usurpada por Turquía en 1935, con una superficie de 9.887,565 km², algo menos de la mitad de la superficie de Israel; tampoco está en la agenda de reclamaciones de ningún país árabe –exceptuando las silenciosas y tenues reclamaciones de Siria– ni de la Liga Árabe.

El odio contra Israel es de base religiosa

Los profetas de Israel profetizaron múltiples veces que el pueblo judío volvería a Israel, al Israel completo, a la tierra que el Dios de la Biblia prometió para el pueblo judío. La lectura que los islamistas hacen del Corán es que todo el orbe, todos los países de la tierra serás islamizados.

El profeta Yoel 4:1-2: Por cuanto he aquí que en aquellos días y en aquel tiempo, cuando hiciere retornar a los cautivos de Judá y Jerusalem, reuniré a todas las naciones y las traeré al valle de Yehoshafat, y las he de juzgar allí, por Mi pueblo y por Mí herencia Israel, a quien esparcieron entre las naciones, y dividieron Mi tierra.

Los islamistas saben que el cristianismo acepta las escrituras del Tanaj [Antiguo Testamento] y que cree en la veracidad de las profecías bíblicas., para quien Israel es una señal para las naciones, ya que es usado en el reloj profético de Dios. Estos islamistas saben también que en la Biblia a los profetas afirman que la restauración de Israel está relacionada con el comienzo del reino del Mesías y con el juicio de las naciones, ya que a través de Israel, Dios juzgará a las naciones, por lo que la restauración de Israel es el indicador temporal para el juicio de las naciones. Las tesis del cristianismo, basadas en la Biblia, son rechazadas frontalmente por el Islam.

Para los islamistas el conflicto árabe-israelí es una guerra religiosa, como explica en un artículo del 5 de marzo de 2010 Hamed Aghbariya, editor del diario árabe-israelí Sawt Al-Haqq Wal-Hurriya, afiliado al Movimiento Islámico, en el que afirma que el conflicto árabe-israelí es en su esencia una lucha religiosa: "Es como si estuvieran diciendo que todo lo que ha sucedido desde la caída del Califato islámico y la dada a conocer Declaración Balfour no constituyen una guerra religiosa. Como si la guerra de 1948 contra toda la nación musulmana no fue una guerra religiosa y la ocupación en 1967 de los territorios y la profanación de la Mezquita Al-Aqsa no es parte de una guerra religiosa, y todas las otras guerras y planes de judaización no fueron parte de una guerra religiosa. Como si la guerra contra Gaza no fue una guerra religiosa, y lo que está sucediendo hoy día en Al-Aqsa y Jerusalén no está vinculado a una guerra religiosa. Como si el judaísmo a nivel mundial y sus dirigentes no han declarado una guerra religiosa desde el primer momento en el Congreso de Basilea, cuando anunciaron que el objetivo de su empresa era realizar el sueño de regresar a la tierra de sus antepasados...”

El islamismo afirma que el judaísmo y el cristianismo son falsos.

Porisrael.org
http://porisrael.org/porisrael/index.php?option=com_content&view=article&id=2606:el–tercer–reich–y–palestina&catid=34:historia&Itemid=521

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