¿Es el islam, entonces, un área vedada a la cultura democrática? No necesariamente. Lo que ocurre es que, como un invitado tardío al despliegue de la libertad que alumbraron en Europa el Renacimiento, la reforma protestante, la Revolución Francesa y hasta el Concilio Vaticano II, el islam ha opuesto resistencias que continuaron vigentes hasta el día de hoy.
Los dos islam
Mariano Grondona
02-01-2012
La “primavera árabe”, en cuyo transcurso cayeron los regímenes autoritarios de Túnez, Egipto y Libia mientras otras dictaduras del mundo árabe experimentaban graves disturbios populares que, por ejemplo, el gobierno sirio ha intentado reprimir con ferocidad sin igual, acaba de cumplir un año. En un principio se pensó que estábamos ante un movimiento regional de liberación democrática similar al que vivió Europa Oriental desde 1989, cuando se derrumbaron los regímenes comunistas con la caída de Muro de Berlín.
Las explosiones populares en cadena del mundo árabe, que fueron posibles porque el ansia de libertad frente a la opresión se difundió como un reguero de pólvora gracias a la conexión “horizontal” entre las personas que alienta Internet, recibieron el nombre común de “primavera árabe” en medio del entusiasmo que generaron en nuestras expectativas democráticas. Pero ahora, a un año de distancia, estos acontecimientos están rodeados por una preocupación que bordea el pesimismo al que contribuyen a alimentar, de un lado, la contemplación del desorden que a veces sucede a las dictaduras de muchos años y, del otro, al hecho de que el fundamentalismo y hasta el terrorismo musulmán también se están difundiendo entre las masas árabes.
La razón de este súbito pesimismo reside en la ilusión generalizada que albergábamos de que ocurriría un triunfo rápido de las libertades occidentales en el seno de los regímenes hasta ayer autoritarios, una ilusión que no tuvo en cuenta la profunda influencia del islam en el Medio Oriente. Al ver por ejemplo que en Egipto, el principal de los países árabes, crece la influencia de los Hermanos Musulmanes cuando no es la propia Al Qaeda la que gana espacio en medio de las revueltas populares, ¿deberíamos revisar lo que esperábamos de la ya famosa “primavera árabe”?
La rectificación de nuestras expectativas democráticas en Egipto y en otros países de la región debería comenzar por el reconocimiento de que el islam, por lo pronto, “no es” occidental, y de que el movimiento global a favor de la libertad económica y política que fue la marca de Occidente desde la revolución puritana de los siglos XVI y XVII en adelante, siempre encontró en los países islámicos una barrera casi impenetrable.
¿Es el islam, entonces, un área vedada a la cultura democrática? No necesariamente. Lo que ocurre es que, como un invitado tardío al despliegue de la libertad que alumbraron en Europa el Renacimiento, la reforma protestante, la Revolución Francesa y hasta el Concilio Vaticano II, el islam ha opuesto resistencias que continuaron vigentes hasta el día de hoy. En la admiración por nuestros propios cambios trascendentales y a lo mejor llevados por algo parecido a la soberbia, los occidentales habíamos olvidado que ya en plena Edad Media, cuando Europa recién se desperezaba, el mundo árabe fue un faro luminoso del pensamiento. En el momento en que recién renacía la cultura grecorromana en Europa, ¿podríamos ignorar acaso que pensadores árabes como el cordobés Averroes fueron los primeros en difundir en Occidente las ideas de Aristóteles? Cuando los musulmanes piensan en sí mismos, en su propio pasado, no se ven como el bolsón del subdesarrollo donde los ubica Occidente sino como los herederos de una cultura que, habiendo sido cabecera de la civilización hace algunos siglos, ahora se siente postergada y humillada.
Una vez que decidimos revalorizar la rica tradición musulmana, tendríamos que admitir además que el islam de hoy, con sus mil millones de fieles, se divide en dos corrientes principales. Una de ellas, fundamentalista, es vecina al fanatismo de Al Qaeda. Pero la otra, que se expresa en el ala moderada del islamismo entre los propios Hermanos Musulmanes egipcios y en países de gran progreso democrático como Turquía, atrae cada día más a millones de fieles que, alejándose del extremismo de los ayatolas de Irán, están demostrando en medio de un sinnúmero de dificultades su capacidad de vivir en democracia.
No había que esperar, por consiguiente, que la “primavera árabe” se instalara pura y simplemente en el marco de la tradición occidental sino en las filas del islamismo moderado, un movimiento al que también habría que reconocerle el derecho de ser diferente de nosotros. Diferente, pero aun así animado, a través de otras vías, por el espíritu de la libertad que hoy exaltamos de manera rotundamente mayoritaria en Europa y en Iberoamérica.
MARIANO GRONDONA es abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires
El Imparcial
http://www.elimparcial.es/mundo/los-dos-islam-97177.html
"Nuestros enemigos no quieren que se conozca otro Israel que el que tiene un conflicto con sus vecinos y se olvidan de que, a pesar de su tamaño y de que la mitad es árido o desértico, es uno de los estados más modernos del mundo" (Alon Bar, embajador de Israel para España).
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En este mismo blog ya se dijo que los extremistas islamistas se llevarían el gato al agua, están organizados, tienen objetivos claros, tienen disciplina y experiencia. Por otra parte el mundo musulmán lleva fracasando en su intento de entrar en la modernidad cada vez que lo ha intentado, me temo que esta vez no sera diferente. ¿Derecho a ser diferente?. No entiendo muy bien eso, todos somos diferentes pero en ellos la envidia les empuja al odio. No quieren reconocerse como responsables de su propio fracaso. Para mí que a medida que sus recursos petrolíferos mengüen, su radicalismo contra occidente aumentara. Después del petroleo o desierto o conquista. Nosotros somos el objeto de su deseo y su codicia por tener cosas agradables sin tener que esforzarse en conseguirlas.
ResponderSuprimirSaluditos.
Lo que no entiendo es dónde puede ver el autor las fuentes de la democracia islamista. El Islam como tal religión siempre ha sido refractario a la democracia, sencillamente por aquello de cuis regio eius religio, y en el Islam desde Mahoma el líder político es también líder religioso. La teocracia lleva al despotismo, mientras que el trinitarismo cristiano conduce a la democracia y el contrapeso de poderes para que ninguno predomine en exceso. Conviene leer La democracia en América de Tocqueville y sus comparativas entre el Islam y el cristianismo para extraer conclusiones al respecto.
ResponderSuprimirAparte que la Iglesia siempre se ha mantenido como una sociedad distinta al Estado, aquello que dice Cristo de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. En los países cristianos la «secularización» era viable. En el Islam no cabe nada fuera de la religión, porque no hay un ámbito religioso distinto del no religioso. No hay laicismo en el Islam.
ResponderSuprimirEn la mitología hindú existe la Trímurti, que es también una Trinidad: Brahmá, Visnú y Sivá, sin embargo, nada más lejos de la democracia que el sistema de castas impuesto por el hinduismo. No creo que la democracia dependa del trinitarismo cristiano (que viene a ser un politeísmo muy sofisticado conceptualmente), sino de factores mucho más complejos. La Iglesia Católica durante la Inquisición era tan trinitaria como ahora, pero ¿dónde estaba la separación de poderes (Iglesia y Estado) entonces?
ResponderSuprimirYa, pero la Trinidad cristiana nada tiene que ver, salvo en el nombre, con la Trinidad hindú que usted cita. Sobre todo porque la primera son tres personas, una de ellas humana, con todo lo que implica en relación a la dignidad del ser humano y los Derechos Humanos, que en el Islam y menos aún en el hinduísmo ni están ni se les espera. La cita de la Inquisición ignoro a qué viene, la verdad, pues su existencia no anulaba la teoría democrática de la sociedad civil y del asentimiento al monarca propia de la escolástica (ver la Defensio Fidei del Eximio Suárez). No necesariamente tiene que haber democracia donde hay cristianismo, pero convengamos que sólo en el ámbito cristiano surgió la democracia, y eso no fue una casualidad azarosa. A mí no se me ocurren más explicaciones alternativas, y menos aún viendo cómo evolucionan las revueltas islámicas del pasado año, hacia la sharía. Es decir, más de lo mismo. Saludos cordiales.
ResponderSuprimir