domingo, 24 de julio de 2011

«Contra el fanatismo», de Amos Oz

«Ya no hay que elegir entre estar a favor de Israel o de Palestina, hay que estar a favor de la paz» (Amos Oz)

Nacido en el seno de una familia de judíos inmigrantes provenientes de Europa, Amos Oz (Jerusalén, 1939) es uno de los escritores israelíes contemporáneos más influyente en la vida política y cultura de su país.

Dedicado desde 1987 a la docencia universitaria como profesor de literatura hebrea en la Ben-Gurion University of the Neguev, ha sido invitado por diversas universidades de EEUU y Europa. Dentro de su producción novelística que consta de once novelas, destacan Una pantera en el sótano (1985), La tercera condición (1991), No digas noche (1994) y Una historia de amor y oscuridad (2002).

Amos Oz, a través de sus novelas y ensayos ha colaborado a la formación de una corriente de opinión crítica sobre la política exterior de los gobiernos de Israel respecto al problema palestino, además de que en numerosos artículos se ha manifestado abiertamente a favor de una coexistencia pacífica entre judíos y palestinos previa aceptación de las mutuas responsabilidades históricas que obstaculizaron la resolución del conflicto palestino-israelí. Dicha posición le ha acarreado a Amos Oz muchas críticas de los sectores conservadores de derecha y ultraderecha en Israel, que lo califican de traidor.

En Contra el fanatismo, Amos Oz reúne tres conferencias en las cuales aborda, desde una perspectiva vivencial, el tema del fanatismo. “Traidor —creo— es quien cambia a ojos de aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia (…) No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, en traidor o ojos del fanático”. El cambio es, en este sentido, una opción de vida; lo contrario sería intransigencia o fanatismo.

En “Sobre la naturaleza del fanatismo”, Amos Oz explica cual es, en su opinión la esencia del fanatismo: Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar, por lo que muchas veces un fanático se muestra preocupado por el accionar de los que no están de acuerdo con él. A lo largo de los tres ensayos, el autor explica mediante anécdotas y reflexiones personales su evolución de fanático a defensor de la vida, la cual no debiera confundirse, insiste, con una ciega defensa de la paz o la censura absoluta de la guerra. Toda guerra es censurable en sí misma pero en determinadas circunstancias, los seres humanos nos vemos obligados a combatir para defender nuestra integridad. Amos Oz se confiesa en esta parte como un experto en fanatismo comparado ya que le tocó vivir en carne propia el drama de la formación del estado de Israel desde sus inicios cuando aquel territorio —la Palestina británica— era todavía una colonia; la inmigración de miles de judíos de Europa antes, durante y después del holocausto nazi, además de los judíos provenientes de los vecinos países árabes; y el confinamiento de los refugiados palestinos desplazados de un territorio que histórica, cultural y religiosamente consideraban suyo.

El problema, como lo plantea Amos Oz, reside en que ambas reivindicaciones, la judía y la palestina son legítimas, por lo que no queda otra vía que llegar a un acuerdo, término que para ciertos sectores radicales e idealistas significa concesión, renuncia o traición. Amos Oz no lo considera así: llegar a un acuerdo para lograr la paz es una opción de vida porque posibilita el cambio. No interpreta el conflicto palestino-israelí como una guerra religiosa, sino “fundamentalmente, como un conflicto entre derecho y derecho, entre dos reivindicaciones muy convincentes, muy poderosas, sobre el mismo pequeño país (…) Simplemente una verdadera disputa estatal sobre quién es el propietario de la casa”.

¿Como curarnos del fanatismo? Imaginación, literatura y humor son la receta propuesta por el autor como antídotos efectivos Contra el fanatismo, en tanto la literatura y la imaginación ayudan a visualizar a través de la ficción, los estragos del fanatismo; a pesar de que existe mucha literatura que ha alimentado odios y superioridades. El humor ayudaría a superar el fanatismo porque el fanático toma muy en serio su fanatismo, por eso es incapaz de reírse de sí mismo: Jamás he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor, ni he visto que una persona con sentido del humor se convirtiera en fanático (…) Con frecuencia, los fanáticos son muy sarcásticos y algunos tienen un sarcasmo muy sagaz, pero nada de humor. Tener humor implica la habilidad para reírse de uno mismo”.

En “Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza”, Amos Oz amplía sus conceptos sobre el cambio, acuerdo, reconocimiento, paz y guerra, distanciándolos de los valores que tradicionalmente le han asignado los fanáticos y los pacifistas europeos. Critica fuertemente la posición extendida en Europa de soberbia y superioridad al abordar el problema palestino-israelí, tratando a ambas partes como salvajes o niños que no saben comportarse. “Y la expresión llegar a un acuerdo, a un compromiso tiene una reputación nefasta en la sociedad europea (…) No en mi vocabulario. Para mí la expresión ‘llegar a un acuerdo’ significa vida. Lo contrario es fanatismo y muerte”.

Acuerdos que no tienen nada que ver con reuniones protocolares ni intercambio de regalos entre diplomáticos o funcionarios de estados palestinos e israelíes. El verdadero meollo del asunto radica en estar dispuestas ambas partes a renunciar parcialmente a los reclamos o posesiones que históricamente han ganado o perdido. Solo a través de la renuncia mutua, de la aceptación mutua de responsabilidades, Amos Oz vislumbra un cambio real en las relaciones entre judíos y palestinos. “Va a doler de lo lindo. Se debería hacer extensible a ambos pacientes toda brizna de ayuda y simpatía. Ya no hay que elegir entre estar a favor de Israel o de Palestina, hay que estar a favor de la paz”.

Contra el fanatismo, es un libro que nos introduce en la comprensión no de las causas del problema palestino-israelí, sino más bien en sus posibles alternativas de solución, a través del testimonio de un escritor israelí como Amos Oz, en quien la nacionalidad y amor por su patria no ha nublado su conciencia crítica para comprender que entre judíos y árabes no hay un enfrentamiento entre buenos y malos como podría entenderse en Occidente, ni tampoco un conflicto de culturas ni de religiones, sino un enfrentamiento entre dos derechos legítimos que reclaman su realización y que sólo la lograrán por medio del acuerdo mutuo, la renuncia y, lo más importante, combatiendo el fanatismo.

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Amos Oz Contra el fanatismo

Manuel Díaz Martínez
26 enero 2009

No me he sentido bien en estos días, y es que ni los años perdonan ni el mundo da tregua. Por una parte, unas tripas que se amotinan y, por otra, una sociedad que imperturbablemente nos asesta con demasiada frecuencia nuevas decepciones. La tragedia de Gaza le ha pegado un buen mordisco a la menguante confianza que tengo en la inteligencia de la especie humana. Refugiándome, como es mi costumbre, en la lectura para resistir los rigores de la intemperie, he disfrutado de un libro que me ha explicado mejor, desde un ángulo más humano que político –por ello lo he disfrutado tanto–, la pelea árabe-israelí, mostrando razones y sinrazones de imprescindible comprensión para hallarle buen fin a ese endemoniado conflicto que hoy envenena, más que cualquier otro, la convivencia entre los pobladores de este planeta.

Me refiero a las tres conferencias que el magnífico escritor judío-israelí Amos Oz ha reunido en un tomo bajo el título de Contra el fanatismo (Ediciones Siruela-Debolsillo), cuya lectura recomiendo a los que, como yo, desean que más pronto que tarde palestinos e israelíes vivan y prosperen en paz. Mirándose a la cara o dándose la espalda, pero en paz. Sin más niños ni adultos reventados en una pizzería de Tel Aviv o en una escuela de Gaza. Como milito cada día más fervorosamente en el PSC (Partido del Sentido Común), convengo con Amos Oz en cuanto expone y propone en este brevísimo y estimulante libro, que debería ser de lectura obligatoria para todos los ciudadanos israelíes y palestinos. Y no, por supuesto, para que lo adopten como texto canónico sino para que ejerciten la reflexión, que es la única arma eficaz contra los problemas que la obcecación crea y la violencia encona. Oz dice cosas tan iluminadoras y sensatas como éstas que he subrayado:

«Muy a menudo los árabes, incluso algunos escritores árabes sensibilizados, no consiguen vernos –a nosotros, judíos israelíes– como realmente somos: un puñado de refugiados y supervivientes medio histéricos, obsesionados por terribles pesadillas, traumatizados no sólo por Europa sino también por el trato recibido en los países árabes e islámicos. La mitad de la población de Israel es gente expulsada a patadas de países árabes e islámicos. Pero no nos ven así, sino como una prolongación del pasado colonialista.»

«Asimismo, los judíos israelíes no ven a los árabes, especialmente a los palestinos, como lo que son: víctimas de siglos de opresión, explotación, colonialismo y humillación. Más bien los vemos como iniciadores de pogromos y nazis, que se envuelven en cofiyas, se dejan crecer bigotes y se tuestan al sol. Pero que siguen con el mismo viejo juego de rebanar gargantas de judíos por diversión. En resumen, son nuestros opresores del pasado que vuelven a empezar. Hay una gran ignorancia a este respecto en ambos bandos: no ignorancia política de propósitos y metas, sino de los antecedentes, de los profundos traumas de ambas víctimas.»

«He sido muy crítico con el movimiento nacional palestino durante muchos años. Algunas razones son históricas, otras no. Sobre todo he sido muy crítico con él por su incapacidad para comprender lo legítima que es la conexión judía con la tierra de Israel; es incapaz de darse cuenta de que la moderna Israel no es producto de empresa colonialista alguna. O, al menos, es incapaz de contárselo así a su pueblo. Por la misma regla de tres, debería decir de inmediato que soy igualmente crítico con generaciones de israelíes sionistas, incapaces de imaginar que hay un pueblo palestino, un pueblo real, con derechos legítimos y reales. Así que ambos liderazgos –sí, el pasado y el actual– son culpables de no entender la tragedia o al menos de no contársela a su pueblo como es debido.»

«Si yo fuera primer ministro de Israel no firmaría ningún acuerdo con los palestinos que no resolviera el problema de los refugiados que, en su mayoría, están fuera del territorio de Israel. Pero lo resolvería. Porque cualquier resolución que no atienda la cuestión de los refugiados es una bomba de relojería. Se debe dar solución a este problema humano y nacional en el marco del inmediato proceso de paz, no ya por razones morales sino incluso por razones de seguridad para Israel.»

Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936). Poeta y periodista.

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Citas del reino de Oz

Ariel Segal
Miércoles, 7 de noviembre de 2007

Llegó a Oviedo hace unos días para recibir el Premio Príncipe de Asturias de literatura. Los periodistas lo entrevistaron como si fuese un especialista en el Medio Oriente, más que un prolífico y talentoso autor, pero es que el israelí Amos Oz resalta no solo por su calidad literaria, sino por su pacifismo, ostensible en sus artículos y entrevistas en las que suele expresar su certeza de que tarde o temprano habrá un entendimiento entre israelíes y palestinos.

Su libro de tres ensayos “Contra el fanatismo” es ahora de lectura obligatoria en los colegios de Suecia en donde su gobierno se adelantó al Comité Nobel de Literatura en apreciar su obra. En España también se contempla la posibilidad de incluir esta obra en su plan de estudios.

Personalmente, cuando en mi rol de profesor enseño sobre fundamentalismo y fanatismo, suelo sacar de mi mochila esa breve antología de Amos Oz, confieso que siempre lo cargo sobre mis espaldas como “mi texto sagrado” y me deleito mientras voy deleitando a quien me escucha al leer algunas sugerencias, como aquella de combatir al “pequeño fanático que todos llevamos por dentro” por medio de la lectura de la buena literatura y de adiestrarnos en el arte del humor:

«El sentido de humor es un gran remedio. Jamás he conocido he visto en mi vida a un fanático con sentido del humor. Ni he visto que una persona con sentido del humor se convierta en un fanático, a menos que él o ella lo hubieran perdido. Con frecuencia, los fanáticos son muy sarcásticos y algunos tienen un sarcasmo muy sagaz, pero nada de sentido del humor.

Tener sentido del humor implica habilidad para reírse de uno mismo. Es relativismo, es la habilidad de verse a sí mismo como los otros te ven, de caer en la cuenta de que, por muy cargado de razón que uno se sienta y por muy terriblemente equivocados que estén los demás sobre uno, hay cierto aspecto del asunto que siempre tiene su pizca de gracia. Cuánto más razón tiene uno, más gracioso se vuelve…»

Cita de Oviedo

En su discurso de agradecimiento por el Príncipe de Asturias Oz insistió en la importancia de la literatura como medio para conocer al otro y por lo tanto, un remedio de los muchos requeridos para luchar contra cualquier tipo de fanatismo: “Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino. Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.

Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.

Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse Contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana.”

Citas de Jerusalén

Para aprender de Amos Oz, uno se puede pasar días buscando frases inolvidables de sus novelas, ensayos y de las frecuentes entrevistas que concede, para entonces caer en el desfiladero de su reino de tolerancia y talento. ¿Acaso, para comprender la esencia de este autor, sería mejor contar una de sus tantas digresiones cuando lo invitan como orador?, como por ejemplo, aquella en la cual recuerda una vieja historia de Jerusalén (¿inventada por él?), en la cual un personaje está sentado en un café y al reconocer al mismísimo Dios, le plantea una urgente pregunta: Querido Dios, por favor, dime de una vez por todas: ¿Qué fe es la correcta? ¿La católica romana, la protestante, tal vez la judía o acaso la musulmana? Y Dios en esta historia contesta: «Si te digo la verdad, hijo, no soy religioso, nunca lo he sido, ni siquiera estoy interesado en la religión»”.

¿Acaso, mejor citar, para penetrar en su reino de tolerancia, un fragmento de alguna de sus novelas, como aquel de Una Historia de Amor y Oscuridad en la cual nos narra?: “…mi padre empezó a descubrirme durante unos veinte minutos todas las cosas de la vida. No dejó nada por revelarme. Me inició en el secreto de los misterios más ocultos del mundo de la bibliotecomanía: me mostró la carretera principal y también los caminos secundarios entre bosques, los paisajes vertiginosos de variaciones, matices, fantasías, avenidas solitarias, tonos atrevidos y caprichos excéntricos: los libros se pueden ordenar por título, por autor, por colección y editorial, por orden cronológico, por idioma, por tema, por género y campo, y hasta por lugar de edición. Depende.

Así aprendí los secretos de la variedad: la vida está hecha de diversos caminos. Cada cosa puede ocurrir de una forma y también de la otra, según distintas notas y razonamientos paralelos. Cada razonamiento paralelo es consecuente y coherente a su modo, completo en sí mismo, indiferente a los demás”.

Cita de un Taxista de Ficción

Está claro que Amos Oz no se considera un pronosticador, un adivino, ni siquiera un analista político y mucho menos un profeta, y sin embargo, ¿acaso alguno de los protagonistas de sus obras, en un ejercicio literario, no han pronosticado algo cercano a lo que luego ocurriría en Israel o el Medio Oriente? Oz nos aseguraría que si en sus libros alguno de sus personajes dice algo que se asemeje a un pronóstico, es solo una casualidad, y ese sería el caso de lo que ocurre a Fima, personaje principal de la historia del mismo nombre (publicada en 1991 en castellano con el nombre de La Tercera Condición), en la cual el conductor de un taxi le expresa:

“Lo que le diré, y escúcheme bien, es que solo hay un hombre en este país lo bastante fuerte para cortar este “tallit” (chal) por la mitad sin cortarse él mismo por la mitad y es Arik Sharon. Nadie más puede hacerlo. Le escucharán… Si Arafat viniera al parlamento a decir que lo siente recibiría algo de tierra. ¿Así qué? Dejemos que Arik vaya y haga un trato, de gángster a gángster. ¿Cree usted que algún corazón herido como (el pacifista) Yossi Sarid u otro van a negociar con esa basura de Arafat? Los árabes harían picadillo a Yossi Sarid y después alguien de nuestro bando le metería un kilo de plomo en la barriga y la cosa acabaría así. Lo mejor es que Arik sea el que corte (la tierra). Siempre que deba negociar con una bestia bruta, contrate a un cazador para el trabajo, no a una bailarina de danzas sensuales”.

Cuatro años después de que este taxista de ficción le dijo a Fima que cualquier político israelí que entregara territorios a los palestinos terminaría con plomo en la barriga por “alguien de nuestro bando”, Yizhak Rabin murió asesinado por los disparos de un fanático judío israelí y 14 años después, Arik Sharon retiró al ejército y a los colonos judíos de Gaza, cortando la tierra como lo pronosticó el vehemente taxista de su novela.

¿Acaso, entonces, la clave del reino de Oz está en sus personajes? No es tan simple, puesto que el escritor israelí nos insistirá, como dijo hace varios años en una entrevista, que no es ni el profeta Amós ni el mago de Oz.

Citas a los Pasadizos de la Imaginación

¿Acaso, la mejor manera de entender la obra y la gran capacidad de empatía de Amos Oz sea poniendo suma atención a la agudeza de sus reflexiones cuando los periodistas lo inquieren en su verdadero terreno de la literatura, en lugar del de la política? En una reciente entrevista su “inquisidor” de turno lo retó diciéndole que las grandes obras literarias suelen ser universales y por más rusos que sean los clásicos de Dostoievski, Gogol y Chejov, aun así todo lector puede reconocerse en los dilemas de sus personajes. Sin embargo, según este entrevistador, en las novelas de Amos pareciera que sus protagonistas son metáforas del conflicto del Medio Oriente.

Oz, el no-profeta ni mago, aunque sí adivino de quien intenta etiquetarlo e ilusionista de palabras que comprende de textos y contextos, le contestó: “Si uno escribe en un lugar controvertido del mundo todo se le interpreta alegóricamente. ¡Si escribiera una obra sobre una madre, un padre y su hija, un crítico diría que el padre representa al gobierno, la madre a los viejos valores de la sociedad y la hija a la frágil economía! Si Moby-Dick hubiese sido escrito en Sudamérica hoy, por Mario Vargas Llosa, la gente diría que se trata sobre dictaduras, si hubiese sido escrito en Sudáfrica por Nadine Gordimer, sería sobre el conflicto entre los negros y los blancos. En Rusia la ballena sería interpretada como Stalin, en el Medio Oriente la novela sería sobre israelíes persiguiendo a palestinos o viceversa. ¡Ese es el precio que un autor paga por escribir en un lugar conflictivo!”.

En su discurso de Oviedo, Amos Oz, habló de política pero sobre todo de cómo la literatura es un puente para la comprensión del otro, no solo en términos de nuestros conflictos, sino como simples seres humanos. Y desde un lugar poco conflictivo nos recordó que “si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas.” La estancia íntima de este autor es la que todos nosotros deberíamos aspirar: un profundo amor por lo demás, por los demás y por lo que está demás de los demás y de nosotros mismos.

arielsegal@hotmail.com

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