Estimados amigos: Lamento no poder atender las numerosas consultas que recibo a diario sobre apellidos, ascendencia y genealogía sefardita. Ni soy genealogista ni dispongo de medios para llevar a cabo las investigaciones que me piden. Un saludo cordial. Juan Julio Alfaya

sábado, 3 de abril de 2010

Jerusalén en el Corán


Por Vincezo Ianniello (OFM*)


Si consideramos la importancia teológica, psicológica y también social que la ciudad de Jerusalén ocupa en el pensamiento judío y cristiano, es obvio que no nos maravillaríamos de las decenas de referencias que hay tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En verdad las Escrituras y los distintos hechos políticos y religiosos que se han desarrollado en esta ciudad han creado esta dependencia religiosa y cultural. Los acontecimientos históricos, actuales o no, de distinto orden, sucedidos en Jerusalén y el afecto cultural y religioso que los musulmanes tienen por Jerusalén, hace suponer que también en el Corán debemos encontrar una cierta cantidad de citas.


Esta expectativa, por el contrario, es ampliamente decepcionarte. Abrir el Corán y buscar cualquier referencia a la ciudad de Jerusalén, entre la variedad de nombres con que es conocida, no da ningún resultado. En realidad Jerusalén no es nunca explícitamente mencionada. Hay referencias que nosotros podemos deducir presentando a la Ciudad Santa en cuanto ligada a los sucesos presentes en la Biblia o en los Evangelios Apócrifos que sabemos sucedieron o que la tradición teológica-cultural judía y cristiana han colocado en Jerusalén.


Indicamos solo algunos:


La promesa de un descendiente a Zacarías (Sura 19,1-15). Igualmente una tradición pone la promesa del nacimiento de Isaac y Jacob como la de Jesús en Jerusalén. El relato de la Última Cena bajo la forma de una mesa preparada descendida del cielo (Sura 5,112-115). La muerte aparente de Cristo sustituido por un sosias (Sura 4, 157-158). Dos citas idénticas se han querido referir a Jerusalén (o quizá Jericó) pero nada de concreto se puede decir al respecto.


“Y cuando decimos: entren en esta ciudad y coman lo que quieran en abundancia pero entren por la puerta postrándose y diciendo: ‘Perdón’, y nosotros perdonaremos vuestros pecados y seremos grandes con los buenos”. (Sura 2, 58; 7,161).


Es un versículo en el contexto del Éxodo de Israel, en la cual algunos autores han visto la referencia a la conquista de Jericó. La referencia al perdón puede haber hecho pensar en Jerusalén. Según una tradición, aquí los ángeles interceden por sus moradores, Allah (Dios) mira con benevolencia sus habitantes y perdona sus pecados. Siguiendo la tradición musulmana, el paraíso es puesto en las proximidades de Jerusalén. Del paraíso se abre una puerta hacia Jerusalén a través de la cual pasa una luz (la gracia) que apaga el fuego del infierno y manifiesta la misericordia de Allah. Otra puerta se abre del cielo hacia los alrededores de la ciudad y serán perdonados los pecados de aquellos que cumplan las acciones relativas a los Cinco Pilares del Islam. Para algunos autores este versículo es una alegoría de quien está por entrar por la puerta de los mandamientos y se postra en signo de humillación. Nos encontramos de frente a la teología de Jerusalén. Veremos que la exaltación de la Ciudad Santa es posterior al primer período histórico del Islam.


En la Sura 2,142 ss., en un contexto en que parece que Allah quiere tomar distancia del pueblo judío por haber escondido la verdad de su revelación, se habla de la “dirección” (qiblah) de la oración. Sabemos que los pueblos orientales rezaban vueltos hacia oriente, donde surgía el Sol. Con respecto a los judíos esa costumbre permanece hasta cuando, queriendo centrar toda la atención sobre el Templo, se fijó la nueva dirección de la oración sobre Jerusalén.


En el Corán, Sura 2 se habla de una primera “dirección” (qiblah) para la oración, después abandonada en favor de una segunda que es la del templo sacro por excelencia: la Kaabah (la Meca). También en este caso el nombre de la ciudad no es citado, pero en el contexto se puede entender que la dirección es aquella en uso por los judíos, por lo tanto hacia el lugar en que se alzaba el templo de Jerusalén: lugar indudablemente sacro para el monoteísmo. Según los estudiosos este cambio de dirección de la oración sucedió en el segundo año de la Hégira (enero-febrero 624) quizá no tanto porque Mahoma había visto vana cada tentativa de atraer hacia sí los judíos, sino porque él había tomado conciencia de la necesidad de autonomía de su religión respecto a los otros monoteístas. A este fin la nueva comunidad que se venía formando tenía ya su santuario hacia el cual volverse, la Kaaba.


¿Qué cosa los ha separado de la qiblah que tenían antes? Responden: “A Dios pertenecen el oriente y el occidente; El dirige a quien quiere por el camino recto… No establecemos la qiblah que tú tenías antes, si no para distinguir quien habría seguido al profeta de quien se sabría alejado y cierto que fue esto un acontecimiento grave, excepto por aquellos que Dios dirige; Dios no dejará perder el fruto de vuestra fe, porque, al contrario, Dios con los hombres es amable y compasivo”.


En una primera lectura el pasaje que claramente podría hacer pensar en uno de los lugares de Jerusalén, y más precisamente todavía, en la Explanada del Templo, habla en estos términos:


“Alabanza a aquel que transportó a su siervo, de noche, del templo santo al templo más remoto, por el cual hemos bendecido el recinto, para mostrarle algunos de nuestros signos. Dios es aquel que entiende y ve perfectamente” (Sura 17,1).


Este versículo da el nombre a todo el capítulo, en árabe surat al-Israh (sura del viaje). La tradición musulmana explica que mientras Mahoma dormía en las cercanías de la Kaaba, el ángel Gabriel lo hizo subir sobre un animal alado (un caballo o quizá un pato macho) y emprende el viaje hasta la mezquita más remota. De aquí ascendió hasta el séptimo cielo, encontrando por el camino las fuerzas del bien y del mal. Al final del viaje encontraron a los principales profetas del pasado Abraham, Moisés, Jesús. Mahoma es reconocido por ellos como el primero y el sigilo de los profetas. Por lo tanto asciende hasta el trono de Dios y recibe de Él el Santo Corán.


Este viaje debería haber sucedido el 17 de Rabi 621. Según la ortodoxia (Sunna) se trata de un hecho real sucedido físicamente y en estado de vigilia. Para otros, por el contrario en referencia a 17,60 se trata de una visión tenida en sueños y dura menos de lo que dura el derramar de una jarra de agua.


Analizamos la siguiente expresión: Bi min al-masjid al-ahram ila al-masjid al-aqssa. El término aqsa quizás nos suscitará emoción, en cuanto que el pensamiento corre a la bien conocida mezquita de el-Aqsa que significa como sabemos: mezquita más remota, más distante. Si bien la tradición musulmana asocia este versículo a la Explanada del Templo, a la Cúpula de la Roca en Jerusalén, casi ciertamente no es éste el sentido originario. Una tradición habla simplemente de dos mezquitas cerca de la Meca. La más cercana es la Kaaba, la más lejana es una mezquita fuera de la Meca. Por otra parte deja al menos alguna perplejidad unir los términos Aqsa con Jerusalén, pues en la sura 30,2-3 se dice que los bizantinos fueron vencidos por los persas en la tierra (a nosotros) más cercana. Se refiere a la victoria de los persas en Siria-Palestina y Egipto en los años 613-614.


Algunos autores interpretaban en sentido más espiritual la expresión templo remoto y veían el lugar de oración de los ángeles (cf, 7,205; 39,75; 15,14-15; 53,5; 12,1). También para los musulmanes la referencia a Jerusalén del versículo en cuestión es posterior. En efecto los textos y las inscripciones más antiguas nos recuerdan el hecho. Probablemente la identificación del templo más remoto con un lugar de Jerusalén, viene en la redacción final del Corán, y el v.1 fue cambiado con los vv 2-8 en los cuales se habla de las dos destrucciones del templo judío en el 586 A.C. por obra de los babilonios con Nabucodonosor y en el 70 D.C. por obra de los romanos con Tito. De todos modos los primeros textos no relacionan el v. 17,1 con el antiguo templo de Jerusalén. Por otra parte, en aquel tiempo sobre la explanada del templo no se levantaba ninguna construcción digna de centrar la atención de los creyentes. Los cristianos tenían los lugares bien señalados para la fe. Los judíos eran excluidos.


La identificación de la “Roca Santa” como lugar de la “ascensión” de Mahoma es tardía. El versículo en cuestión aparece relacionado con este monumento solo en el período fatimí cerca del siglo XI / V. Es posible que Abd el-Malik haya querido hacer converger en una sola fe la tradición musulmana y la cristiana o más verazmente haya querido proclamar la victoria de una nueva fe y de un nuevo imperio. En un primer tiempo se apropiaron de tradiciones comunes para atenuar los resentimientos cristianos y cuando la necesidad de la cohesión interna contra el enemigo bizantino decae, el Islam se apropia definitivamente de toda el área, exactamente como sucede con la Basílica de San Juan en Damasco.


En un primer momento los musulmanes no se mostraron particularmente interesados en la ciudad. En su conquista ocurrida en el 638, los ocupantes les impusieron tributo, pero acamparon en los alrededores, prefiriendo no mezclarse con gente extranjera. La misma situación sucederá en la conquista de “Fustat”, El Cairo, en Egipto. Más tarde en la lucha entre Abd el-Malik de la familia Omeya e Ibn az-Zubayr, el primero trató de crear un lugar santo alternativo al santuario de la Meca, donde ejercitaba el poder su rival. Fue en esta ocasión cuando se puso mano a la construcción de la Cúpula de la Roca, se pensaba que era la roca de la cual Mahoma habría marcado el vuelo para su ascensión. Estamos entre los años 688 y el 692. Estudios más recientes colocan por el contrario el recuerdo del sacrificio de Isaac (o Ismael). Esta construcción no se entiende como mezquita, sino como memorial, lo que parece estar en línea con la tradición cristiana del martyrium. Sobre la explanada del templo hay una edícola que recuerda los hechos de aquella sorprendente noche del Isra y del Mi’rag.


Aquí termina el análisis del tema encomendado. Diremos estrictamente hablando: si el pensamiento nos lleva a Jerusalén, lo debemos a la Sagradas Escrituras de judíos y cristianos, no al Corán.


http://www.ive.org/mediooriente01.org/pag_res.asp?id=288


*OFM: Orden de Frailes Menores, más conocidos como franciscanos.

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