jueves, 8 de abril de 2010

Expulsión de los judíos de España

Diáspora sefaradí
El 31 de marzo de 1492 el rey Fernando de Aragón y la reina Isabel de Castilla firmaron el fatídico Edicto de Expulsión de los judíos de España por medio del cual ordenaban que todos los judíos, sin excepción, debían salir del reino y de todas las tierras bajo su dominio a más tardar para el 31 de julio. Cualquier judío que permaneciera después del día designado debía optar por el bautismo o la muerte. Esta trágica decisión tomó por sorpresa a la comunidad sefardita cuya historia se remontaba quince siglos atrás. Miles abandonaron sus hogares llevando consigo la llave de su morada y la truncada esperanza de volver. A pesar del paso del tiempo el dolor no ha amainado y los descendientes de los exiliados evocan sus vínculos con España con ambivalencia y a la vez con sentimientos de profunda nostalgia.

Durante su estancia en suelo ibérico los judíos crearon una cultura única que ha pervivido a pesar de las vicisitudes. Hoy en día su poesía se publica en antologías en hebreo y se recita en las sinagogas en forma de oraciones. Su filosofía y mística forman parte de las corrientes del judaísmo moderno. Sus líderes espirituales son considerados hombres del renacimiento que lograron asimilar las influencias intelectuales de su entorno sin perder su identidad.

Cronología

Siglo I.- Los primeros pobladores judíos se establecen en la Península Ibérica, bajo dominio romano.

613.- La Iglesia católica como autoridad superior promulga un edicto forzando a los judíos a bautizarse o emigrar.

711.- Los musulmanes toman el poder. Durante tres siglos los judíos que permanecieron en el país practican en secreto su religión. Viven posteriormente bajo un Islam tolerante que permite el florecimiento de la cultura y la educación hebreas, destacándose por su participación en las artes, filosofía y ciencias. Sus aportes enriquecieron a la civilización islámica dando brillo a los siglos X y XI.

Siglos XII y XIII.- Bajo dominio cristiano a los judíos se les permite permanecer en la región.

1391.- A lo largo de todo el territorio, fanáticos católicos llevan a cabo masacres que representan el principio del fin de la comunidad judía.

1481.- La Inquisición comienza a investigar a los judíos conversos bajo la sospecha de que continúan practicando su religión. Cientos de herejes son quemados en la hoguera.

1492.- Los musulmanes salen de Granada. Se firma el Edicto de Expulsión. Muchos miles de judíos salen de los reinos españoles y se establecen en Europa, -incluyendo la cuenca mediterránea- y en el norte de África, en donde fueron acogidos por las comunidades judías preexistentes.

1869.- El artículo 21 de la Constitución española de 1869 adopta el principio de libertad religiosa. Algunos judíos se establecen en la región.

1933-1936.- Refugiados judíos huyen de la Alemania nazi a España.

1939.- Como resultado de la victoria del general Francisco Franco durante la guerra civil, muchos judíos deciden emigrar.

1939-1945.- Durante la segunda guerra mundial, una España neutral ofrece una ruta de escape para cientos de judíos que huyen de los campos de muerte.

1968.- El 13 de diciembre de 1968, al inaugurarse la sinagoga de Madrid, el gobierno español publica un decreto mediante el cual anula el Edicto de Expulsión dictado por los Reyes Católicos 476 años atrás. El decreto no fue confirmado en el Boletín Oficial del Estado.

1986.- Se establecen relaciones diplomáticas entre Madrid y Jerusalén. En 1987 Shlomo Ben Ami es nombrado el primer embajador de Israel en España, cargo que desempeñó hasta 1991.

1992.- El 31 de marzo, en el quingentésimo aniversario de su promulgación, el rey Juan Carlos deroga el Edicto de Expulsión de los judíos de España.

Aportación a la cultura

Tanto bajo dominio musulmán como cristiano el judaísmo experimentó un florecimiento inusitado. Los judíos destacaron en distintos campos como la medicina, agricultura, comercio, educación, poesía, matemáticas y astronomía. En el siglo X se inició la Edad de Oro para las comunidades judíos de Lucena, Granada, Córdoba, Sevilla, Zaragoza, Barcelona; Toledo y Tudela. Pero a pesar de que los judíos de España alcanzaron las más altas posiciones administrativas y financieras, nunca tuvieron injerencia en la esfera política debido, a que los prejuicios antijudíos se mantuvieron vigentes. Cuando, por ejemplo, a mediados del siglo XIII se difundió un libelo de sangre en Zaragoza que afirmaba que los judíos consumían sangre cristiana con fines rituales, las persecuciones estuvieron a la orden del día.

Los criptojudíos

De todas las afiliaciones emocionales con España ninguna fue tan intensa como la de los criptojudíos. La historia de estos judíos conversos por la fuerza que continuaron encendiendo las tradicionales velas de Sabbath sin saber por qué, ha sido considerada como una de las manifestaciones más características de la lucha de una minoría por mantener su fe. Los judíos que optaron por el bautismo fueron llamados cristianos nuevos. Pero aquellos criptojudíos que continuaron practicando su fe en secreto recibieron el epíteto de marranos. Ciertos historiadores afirman que el término deriva del hebreo "mar anus" que significa amargado. Otros, como es el caso del Prof. Ángel Alcalá del New York Brooklyn College, aseguran que la palabra proviene del español marrar que significa arruinar, en este caso arruinar a la fe cristiana por las prácticas judías y que sólo se aplicaba a los judaizantes y no a todos los conversos.

Las conversiones forzadas

Las conversiones forzadas se remontan a la reconquista o conquista cristiana de la España musulmana que comenzó en el siglo XI. En un principio la vida judía continuó floreciendo bajo la monarquía católica; más aún, algunos historiadores llaman a este periodo la edad de oro . Sin embargo en 1391 comenzaron las persecuciones masivas; las hordas fanáticas destruyeron los barrios judíos y comunidades enteras fueron aniquiladas. El clero y la nobleza llegaron a la conclusión de que la guerra contra el infiel en el exterior debía ser completada con la destrucción del enemigo interno, el judío. Miles murieron y muchos otros buscaron la salvación en la conversión al cristianismo. Las conversiones -algunas de éstas voluntarias- continuaron durante cien años, culminando en una apostasía de judíos buscando evitar la expulsión en 1492.

Durante siglos, particularmente en la Edad Media, las comunidades judías habían preferido el martirio al bautismo. Pero en los años posteriores a las persecuciones de 1391, decenas de miles de judíos españoles se convirtieron, no para salvar sus vidas, sino para facilitar su existencia y finalmente para prevenir su expulsión. Después de 1492 muchos miles más regresaron a España y aceptaron la conversión como el precio que tenían que pagar para ser reintegrados.

Algunos conversos se convierten en delatores

La mayoría de los historiadores judíos aseveran que los conversos estaban estrechamente vinculados a su fe ancestral. Lo cierto es que mientras que sí hubo quienes en secreto riguroso observaron su judaísmo también hubo conversos que demostraron tal celo por la religión católica que se convirtieron en los más ensañados delatores de los nuevos cristianos llegando incluso a desafiar a sus correligionarios para que se presentaran a discutir el tema públicamente.

Edicto de expulsión

Cuando Fernando, heredero al reino de Aragón, e Isabel, heredera de Castilla contrajeron matrimonio en 1469 los judíos se alegraron pues creían que los monarcas unirían al país y terminarían con la anarquía. Los Reyes Católicos tenían un objetivo prioritario: conformar la primera nación unida de la historia moderna, amalgamando a andaluces, castellanos, aragoneses, etc. Con la caída de Granada, última fortaleza musulmana en noviembre de 1491, lograron la unificación. El proceso terminó cuatro meses después con la expulsión de los judíos, considerados un elemento extranjero, a pesar de los siglos de convivencia e integración.

De acuerdo con el edicto el objetivo de la expulsión era el de terminar con la influencia que ejercían los judíos sobre los conversos y acelerar su asimilación al nuevo reino. Para fines del siglo XV la presencia de los conversos se había convertido en un tema delicado ya que a diferencia de los judíos, los conversos no enfrentaban ninguna restricción y muchos de ellos alcanzaron altos niveles sociales. Conforme aumentaba su poder crecía el resentimiento de los llamados cristianos viejos quienes sospechaban de la autenticidad de los conversos.

La Inquisición

Muchos conversos huyeron de la Península Ibérica y se establecieron en Amsterdam y el Nuevo Mundo donde abiertamente retornaron a su judaísmo. Los que permanecieron en la región sufrieron un terrible destino. La Inquisición, creada en 1480 no contra los judíos practicantes sino contra los conversos que continuaban practicando su judaísmo, fue implacable. Ningún hereje podía escapar del fuego purificador del Santo Oficio. Sin embargo junto a los argumentos de carácter religioso surgieron otros de cariz político y económico. Las propiedades de los condenados eran confiscadas en honor de la corona y la Inquisición, que reemplazó a la justicia, sirvió como arma para imponer a todas las comunidades de la región la ideología de los testamentos eclesiásticos.

Bajo el mandato del gran inquisidor, Tomás de Torquemada, fueron procesadas, ejecutadas y castigadas 114,401 personas, entre judíos, conversos y herejes. Los procesos siguieron hasta su abolición oficial en 1834.

La expulsión de España marcó una huella indeleble en la vida judía. Fue considerada como la mayor tragedia nacional de toda su historia posterior a la caída de Jerusalén en el año 70. Los exiliados con su enorme caudal de logros en diversos campos de la creatividad humana, después de seis siglos de intensa labor espiritual, se vieron forzados a diseminarse por todos los confines y enfrentar nuevamente la incertidumbre en su vida y tradiciones.

¿Cuántos judíos fueron expulsados en 1492?

El número de judíos practicantes que abandonó España en 1492 es uno de los aspectos más controvertidos entre los historiadores. El Prof. Beinart establece que fueron más de 200.000 individuos los que salieron de la Península Ibérica mientras que Miguel Ángel Motis, profesor de la Universidad de Zaragoza afirma que sólo 100.000 judíos practicantes vivían en España en 1492 y que la mitad de éstos aceptaron el bautizo y permanecieron en el país.

Algunos historiadores españoles afirman que la expulsión fue una cuestión periférica que involucró sólo a un pequeño número de judíos provenientes de comunidades que habían perdido influencia. Por su parte los judíos sostienen que la expulsión fue un evento central en la historia del mundo medieval, que llevó a la decadencia económica y cultural de España como potencia, por lo que se vio inmersa en una era de oscurantismo. A la vez el exilio representó la primera crisis de identidad judía en la época moderna.

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Edicto de expulsión de los judíos de España

Los Reyes Fernando e Isabel, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, León, Aragón y otros dominios de la corona- al príncipe Juan, los duques, marqueses, condes, ordenes religiosas y sus Maestres,... señores de los Castillos, caballeros y a todos los judíos hombres y mujeres de cualquier edad y a quienquiera esta carta le concierna, salud y gracia para él.

Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y cristianos. Por lo tanto, en el año de 1480, ordenamos que los judíos fueran separados de las ciudades y provincias de nuestros dominios y que les fueran adjudicados sectores separados, esperando que con esta separación la situación existente sería remediada, y nosotros ordenamos que se estableciera la Inquisición en estos dominios; y en el término de 12 años ha funcionado y la Inquisición ha encontrado muchas personas culpables además, estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica y están tratando de obstaculizar cristianos creyentes de acercarse a sus creencias.

Estos Judíos han instruido a esos cristianos en las ceremonias y creencias de sus leyes, circuncidando a sus hijos y dándoles libros para sus rezos, y declarando a ellos los días de ayuno, y reuniéndoles para enseñarles las historias de sus leyes, informándoles cuando son las festividades de Pascua y como seguirla, dándoles el pan sin levadura y las carnes preparadas ceremonialmente, y dando instrucción de las cosas que deben abstenerse con relación a alimentos y otras cosas requiriendo el seguimiento de las leyes de Moisés, haciéndoles saber a pleno conocimiento que no existe otra ley o verdad fuera de esta. Y así lo hace claro basados en sus confesiones de estos judíos lo mismo a los cuales han pervertido que ha sido resultado en un gran daño y detrimento a la santa fe Católica, y como nosotros conocíamos el verdadero remedio de estos daños y las dificultades yacían en el interferir de toda comunicación entre los mencionados Judíos y los Cristianos y enviándolos fuera de todos nuestros dominios, nosotros nos contentamos en ordenar si ya dichos Judíos de todas las ciudades y villas y lugares de Andalucía donde aparentemente ellos habían efectuado el mayor daño, y creyendo que esto seria suficiente de modo que en esos y otras ciudades y villas y lugares en nuestros reinos y nuestras posesiones seria efectivo y cesarían a cometer lo mencionado. Y porque hemos sido informados que nada de esto, ni es el caso ni las justicias hechas para algunos de los mencionados judíos encontrándolos muy culpables por lo por los susodichos crímenes y transgresiones contra la santa fe Católica han sido un remedio completo obviar y corregir estos delitos y ofensas. Y a la fe Cristiana y religión cada día parece que los Judíos incrementan en continuar su maldad y daño objetivo a donde residan y conversen; y porque no existe lugar donde ofender de mas a nuestra santa creencia, como a los cuales Dios ha protegido hasta el día de hoy y a aquellos que han sido influenciados, deber de la Santa Madre Iglesia reparar y reducir esta situación al estado anterior, debido a lo frágil del ser humano, pudiese ocurrir que podemos sucumbir a la diabólica tentación que continuamente combate contra nosotros, de modo que, si siendo la causa principal los llamados judíos si no son convertidos deberán ser expulsados de el Reino.

Debido a que cuando un crimen detestable y poderoso es cometido por algunos miembros de algún grupo es razonable el grupo debe ser absuelto o aniquilado y los menores por los mayores serán castigados uno por el otro y aquellos que permiten a los buenos y honestos en las ciudades y en las villas y por su contacto puedan perjudicar a otros deberán ser expulsados del grupo de gentes y a pesar de menores razones serán perjudiciales a la República y los mas por la mayoría de sus crímenes seria peligroso y contagioso de modo que el Consejo de hombres eminentes y caballeros de nuestro reinado y de otras personas de conciencia y conocimiento de nuestro supremo concejo y después de muchísima deliberación se acordó en dictar que todos los Judíos y Judías deben abandonar nuestros reinados y que no sea permitido nunca regresar.

Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.

Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un Judío o Judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios.

Hágase que los Judíos puedan deshacerse de sus hogares y todas sus pertenencias en el plazo estipulado por lo tanto nosotros proveemos nuestro compromiso de la protección y la seguridad de modo que al final del mes de Julio ellos puedan vender e intercambiar sus propiedades y muebles y cualquier otro articulo y disponer de ellos libremente a su criterio que durante este plazo nadie debe hacerles ningún daño, herirlos o injusticias a estas personas o a sus bienes lo cual seria injustificado y el que transgrediese esto incurrirá en el castigo los que violen nuestra seguridad Real.

Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado.

De modo que ordenamos a todos los concejales, magistrados, caballeros, guardias, oficiales, buenos hombres de la ciudad de Burgos y otras ciudades y villas de nuestro reino y dominios, y a todos nuestros vasallos y personas, que respeten y obedezcan con esta carta y con todo lo que contiene en ella, y que den la clase de asistencia y ayuda necesaria para su ejecución, sujeta a castigo por nuestra gracia soberana y por la confiscación de todos los bienes y propiedades para nuestra casa real y que esta sea notificada a todos y que ninguno pretenda ignorarla, ordenamos que este edicto sea proclamado en todas las plazas y los sitios de reunión de todas las ciudades y en las ciudades principales y villas de las diócesis, y sea hecho por el heraldo en presencia de el escribano público, y que ninguno o nadie haga lo contrario de lo que ha sido definido, sujeto al castigo de nuestra gracia soberana y la anulación de sus cargos y confiscación de sus bienes al que haga lo contrario.

Y ordenamos que se evidencie y pruebe a la corte con un testimonio firmado especificando la manera en que el edicto fue llevado a cabo.

Dado en esta ciudad de Granada el Treinta y uno día de marzo del año de nuestro señor Jesucristo de 1492.

Firmado Yo, el Rey, Yo la Reina, y Juan de la Colonia secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades.

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